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2009/06/29 06:00:00 GMT+2

Reforma y ruptura

Cabe preguntarse si las cosas hubieran podido ser de otro modo, es decir, si la ruptura hubiera sido posible de haber actuado de otro modo el bloque de la "oposición moderada".

Se trata, en cierto sentido, de una cuestión de gran importancia, y, en otro sentido, de un asunto carente casi por completo de interés. Me explico.

Es imprescindible reivindicar el interés del asunto frente a quienes sostienen que lo único que cuenta es el resultado último de lo sucedido. Según ellos, si al final se ha alcanzado la instauración de la democracia, eso demuestra que se siguió un buen camino. Un camino que, si tal vez fue más lento que el que se dibujaba en el programa rupturista de Coordinación Democrática, presentó la ventaja de permitirnos recorrerlo sin apenas traumas.

No estoy de acuerdo. Según mi criterio, el punto al que nos ha llevado el triunfo de la reforma política no es el mismo al que se pretendía llegar con la ruptura. No es el mismo ni política ni socialmente. Y no lo es, desde luego, ideológicamente.

En primer lugar, conviene recordar que, desde el punto de vista del aparato del Estado, lo que produjo el triunfo de la reforma fue, como su mismo nombre sugiere, una re-forma, esto es, un cambio de formas. No de contenidos. Seguían los mismos, sólo que actuando de modo parcialmente diferente.

Lo cual ha tenido importantes consecuencias.

Así, por ejemplo, pervivió lo esencial del Ejército educado en las tradiciones de la guerra civil. Durante muchos años tal cosa hizo que planeara constantemente sobre la situación política el fantasma del golpe de Estado. Puede alegarse que eso es ya agua pasada. Pero no hay tal. Si hoy la cúpula del Ejército ya no suscita particulares inquietudes golpistas es, en no poca medida, porque los sucesivos Ejecutivos le han hecho concesión tras concesión. A cambio de lo cual, contamos con unas Fuerzas Armadas cuyo desprestigio social es tan alto que los jóvenes se niegan en masa a integrarse en sus filas, creando una situación del todo surrealista, que causa estupor en todos los países vecinos. Es imposible explicar la insumisión y la objeción de conciencia masivas en España sin tener en cuenta el triunfo de la reforma sobre la ruptura y la pervivencia de un Ejército de más que problemático encaje con los usos y costumbres democráticos.

Otro ejemplo nos lo proporcionan las Fuerzas de Seguridad. Los responsables de la reforma fiaron la seguridad de la democracia a muchos personajes que en el pasado habían estado dedicados a reprimir las libertades individuales y colectivas. Quien se ha formado en el desprecio de las libertades y las ha violentado recurriendo a la brutalidad, cuando no a la tortura sistemática, malamente puede ser un buen guardián de la democracia. Que España siga figurando año tras año en los informes de Amnistía Internacional, o que los GAL se nutrieran de destacados policías, no pueden considerarse fenómenos casuales. Elementos que han ocupado puestos clave en la Policía todavía muy recientemente, en los ministerios de Barrionuevo, Corcuera y Asunción, fueron durante el franquismo conocidos torturadores. Ahora estamos enterándonos de que el alto mando del Ministerio del Interior ha estado integrado durante años por un puñado de funcionarios venales, que se dedicaban a repartirse los fondos reservados y cobraban comisiones por todo cuanto podían, gracias a lo cual abrían cuentas corrientes secretas en Suiza y se montaban bochornosos emporios inmobiliarios.

Quizás haya quien crea que eso es ajeno al modo en que se realizó la transición. Yo estoy convencido de lo contrario. No varía mi consideración el hecho de que algunos de esos funcionarios corruptos no procedan de la Policía franquista, sino de las filas del PSOE. Estos militantes socialistas, tipo Vera, Sancristóbal o Roldán, se limitaron a integrarse en lo preexistente, manteniendo los hábitos que encontraron a su llegada, empezando por la impunidad ante las violaciones de la Ley. Tómese a modo de ejemplo: el Gobierno de González se las ha arreglado -sea retrasando los procedimientos hasta lo indecible, sea aplicando medidas de gracia- para que ningún policía condenado por torturas durante su mandato haya ingresado jamás en la cárcel. Ninguno. Nunca.

La victoria de la ruptura habría conducido inevitablemente a una amplia reestructuración del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. La depuración de responsabilidades en otros estamentos del Estado -por ejemplo, en la judicatura política- habría conducido a que el Estado español se aproximara más en la práctica al modelo marcado por las leyes democráticas.

He avanzado antes que el triunfo de la reforma sobre la ruptura tuvo no sólo importantes consecuencias políticas prácticas, como las que he citado a modo de ejemplo, sino también profundas repercusiones ideológicas y culturales. No me olvido de ello. Pospongo sin embargo el tratamiento de ese punto, que considero crucial.

Javier Ortiz. Primera parte del quinto punto de la conferencia Tal fuimos, tal somos, pronunciada en julio de 1994 en Maspalomas (Gran Canaria).

El recuerdo de hoy se lo hemos dejado a Pablo Muñoz. Eskerrik asko, Pablo.

Remitente: ortiz el jamaiquino.2009/06/29 06:00:00 GMT+2
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