Hay un sector de mis lectores más asiduos que se me enfada sistemáticamente cada vez que hago alguna alusión crítica al régimen castrista. Ayer me dieron caña (por correo electrónico, se entiende) por mi referencia a la hermandad Fidel-Raúl y a cómo se están pasando los trastos entre sí.
Varios de mis críticos me dicen que esa transferencia de poderes se ajusta a la legalidad cubana, refrendada por una enorme proporción de votos emitidos en su momento. ¿Y? No era ese aspecto el que yo puse en cuestión en mi artículo. Si de votos se trata, me sé de referendos que han logrado más del 100% de votos favorables.
Los hay que me señalan que Raúl Castro ha sido desde siempre un compañero de armas de Fidel. Con lo cual estoy de acuerdo, porque es un dato objetivo. Pero habrá que dilucidar qué clase de compañero de armas.
Raúl Castro fue, por mucho tiempo, el más fiel representante de la burocracia prosoviética dentro del ala castrista del Partido Comunista Cubano. Un aparatchik.
Cuantos hemos estudiado la historia de la revolución cubana sabemos que el enfrentamiento entre Raúl Castro y Ernesto Guevara fue de los que hacen época. El Che se distanció radicalmente de las posiciones de Moscú, tanto en el plano político como en el ideológico, y Raúl Castro montó en cólera por ello, porque él estaba en perfecta sintonía con los jefes de la Unión Soviética. Demostró que tenía de rebelde lo que yo de madridista. Le echó en cara a Guevara haber dicho en Argelia que la URSS era una estafa sustentada en un ejército (excelente definición) y Fidel no tuvo los redaños de tomar partido en esa disputa, lo que abocó al Che al autoexilio.
Si de entrar en polémica sobre el régimen castrista se trata, me presto voluntario. Para mostrar mi distancia crítica, pero desde posiciones de izquierda. Para decir lo que opino, por ejemplo, de que, teniendo Cuba casi un 40% de población de color, el Comité Central del Partido Comunista Cubano sea de un blanco que ya quisiera para sí el mejor detergente. Argumento que cabría repetir en relación a las mujeres, que son mayoría en la isla.
He dicho muchas veces, y lo repito ahora, que el castrismo ocupa un puesto bajísimo en la lista de mis repudios. Si de juzgar los regímenes americanos se trata, seguro que está entre los que menos aversión me produce.
Pero que nadie me pida un aplauso, porque no lo daré.
Javier Ortiz. Raúl y Fidel. Apuntes del natural. 29 de diciembre de 2007.
Envía un comentario