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2002/02/24 06:00:00 GMT+1

Pensar el gusto

Tuve un profesor de Filosofía al que le divertía ridiculizar las cinco vías tomistas de demostración de la existencia de Dios. Lo hacía ironizando, aparentando que las respetaba: estábamos bajo el franquismo y el hombre no tenía la menor intención de verse metido en un lío por ejercer de propagandista del ateísmo.

La prueba que más gracia le hacía era la de «el orden del mundo». Nos decía: «¿Veis qué orden tan perfecto reina en la Naturaleza? Las montañas, con la falda abajo y el pico arriba; los valles, con sus ríos; las flores, las plantas... Qué hermosura, ¿verdad? Claro que si todos nosotros, desde nuestro nacimiento, hubiéramos visto las montañas con el pico abajo y la falda arriba, diríamos también: "¡Qué hermosura! ¡Qué orden tan perfecto!"».

Tenía razón en un punto: tendemos a confundir lo que es habitual en nuestro entorno con lo correcto y con lo bello.

Hay otro ejemplo que me parece todavía mejor: el de los gustos gastronómicos de la mayoría.

Muchísima gente tiene una regla para medir lo que está bien cocinado y lo que no: está bien cocinado lo que está cocinado como lo cocina (o cocinaba) su madre.

Mi señora madre, que con el tiempo llegó a ser una excelente cocinera -tuvo como maestra a la esposa del chef del Hotel María Cristina, el más lujoso de San Sebastián-, hacía platos exquisitos. No le permití que se fuera a la tumba sin haberme transmitido antes su receta particular de los calamares en su tinta, que ahora preparo yo con idéntico arte, dicho sea sin la menor modestia.

Pero había platos que mi pobre madre elaboraba de oídas, sin criterios demasiado estrictos. Era el caso de lo que ella llamaba -mal llamaba- paella (1). Preparaba una especie de arroz a la alicantina caldoset y salpicado de ingredientes escasamente congruentes. Lo peor de todo: usaba colorante en lugar de azafrán (o de ñora, que es el ventajoso sustituto que utilizan en las comarcas del sur del País Valenciano y en Murcia).

Pues bien: pese a eso, a mí me encantaba la paella de mi madre, y tuve que pasar no poco tiempo a orillas del Mediterráneo para comprender que el arroz puede prepararse de muchos modos, pero como el de mi madre, decididamente no. Aquel sabor se había incrustado en mi memoria gastronómico-sentimental. Hube de realizar ímprobos esfuerzos para admitir la evidencia: los arroces que sirven en los buenos restaurantes de las comarcas del sur del País Valenciano -y en los muy buenos restaurantes de Valencia- son muchísimo mejores que aquel exótico invento materno.

Insisto: tendemos a identificar lo nuestro -lo que es normal y de uso en nuestro entorno- con lo mejor. Porque nos encaja más naturalmente. Porque nos gusta más. Y porque no somos capaces de relativizar -de contextualizar, como se dice ahora- nuestros propios gustos.

Acabamos por considerar que lo nuestro es lo lógico, lo sensato, lo más inteligente, lo de mejor gusto.

Lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque, para que lo nuestro sea lo lógico, lo sensato, lo más inteligente y lo de mejor gusto, lo de los demás tiene que ser por fuerza menos lógico, menos sensato, menos inteligente y de peor gusto.

Ese es un problema importante que tienen los nacionalismos.

Para prevenirse de él, para no caer en esa estrechez de miras, se imponen dos ejercicios nada sencillos: aprender a considerar que nuestros gustos son solo unos gustos, entre los muchos posibles -e igualmente válidos-, y esforzarnos por comprender el encanto de los gustos ajenos. Gracias a esa gimnasia mental, nuestra rana interior puede llegar a saltar fuera del pozo y comprobar que el cielo es inmenso.

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1 Paella, en catalán -también en su variante valenciana-, quiere decir «sartén». Hay arroces que se cocinan en paella -en esas sartenes típicas de amplio diámetro, escaso fondo y dos asas- y los hay que se hacen en cazuela metálica, en cazuela de barro y en caldero. He conocido en el País Valenciano una treintena de modos de preparar arroces de chuparse los dedos, pero a buen seguro que hay más.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/24 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: 2002 diario | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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