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1997/12/06 07:00:00 GMT+1

Memoria histórica

No sé muy bien por qué, pero de repente se ha puesto de moda predicar las excelencias de la «memoria histórica». De la «memoria histórica» del franquismo, en concreto.

A decir verdad, nunca me ha gustado ese término. ¿Memoria histórica? Si se trata de analizar sucesos vividos en primera persona, digo yo que con hablar de memoria basta. Y si el objetivo es evocar realidades conocidas por referencia, oral o escrita, entonces no tiene sentido apelar a la memoria.

Menos ampuloso sería hablar de conciencia histórica. O, a la pata la llana, de la necesidad de conocer los desastres del pasado, entre otras cosas para no repetirlos.

Pero, terminología al margen, ¿por qué consideran que ahora, precisamente ahora, conviene esa memoria histórica del franquismo? Quiero decir: ¿por qué ahora sí y hasta ahora no? Algunos venimos subrayando desde hace mucho la necesidad de estudiar lo que realmente ocurrió durante los 40 años de dictadura franquista, y no pocos de los que en estos momentos preconizan la tal memoria histórica nos presentaban como aburridos batalleros, cuando no como provocadores. Según ellos, estábamos dando cuerda al pasado: un pasado -decían- felizmente enterrado por el advenimiento del régimen de libertades políticas.

Pero no es que ahora hayan comprendido que estaban en un error: es que las circunstancias han cambiado. Y con ellas sus intereses.

Estos novísimos adoradores de la memoria histórica huían de ella como de la peste entre 1982 y 1996 porque el análisis del pasado, a nada que se realizara con rigor, llevaba inevitablemente a detectar la existencia de importantes factores de continuidad -sociológica, cultural y hasta personal- entre el régimen franquista y la propia realidad en la que ellos se encontraban cómodamente instalados. Ahora sus mentores políticos han pasado a un segundo plano y piensan que apelar al franquismo les puede venir bien como arma arrojadiza contra el PP.

Eso es todo. Sigue sin interesarles un pimiento la Historia. Sólo quieren servirse de ella para decir que Fraga fue un fascistón -extraordinario hallazgo-, o que el diputado Fulanito, del PP, es hijo de Menganito, que fue otro fascistón, y obviedades por el estilo.

Tomada así, la memoria histórica carece de interés. Se convierte en otro recurso zafio, típico de nuestra zafia vida política.

¿Vale la pena volver la vista al pasado? Sí, y mucho. Pero, sobre todo, para dar cuenta del conjunto de condiciones externas e internas que hicieron posible que la dictadura franquista durara cuatro décadas. Y para explicar cómo se creó el consenso político y social necesario para pasar de la dictadura al sistema parlamentario sin ajustar cuentas -ideológicas y políticas: no forzosamente judiciales- con el pasado liberticida.

Esa memoria sería muy valiosa: ayudaría a entender el presente. Pero a muchos no les interesa nada que se entienda el presente.

Javier Ortiz. El Mundo (6 de diciembre de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/12/06 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: memoria 1997 felipismo aznarismo preantología franquismo el_mundo | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Tal y como siempre hacía Javier. Señalando a los diferentes tipos de jetas, más allá de su procedencia ideológica,partidista, o de cualquier otro tipo.

Escrito por: kala.2011/12/13 17:25:25.807000 GMT+1

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