Malestar general ante la concesión póstuma a Melitón Manzanas de la Gran Cruz del Reconocimiento Civil, en tanto que víctima de ETA. Son muchas las voces que se elevan diciendo que es penoso que la Ley que regula el otorgamiento de esa distinción, respaldada por el voto unánime de los diputados, no permita hacer distingos entre las víctimas y obligue a condecorar a un reconocido torturador.
Me hacen gracia. Lo plantean como si se tratara de una mera anomalía, resultante de una desafortunada imprevisión jurídico-técnica del legislador. Como si el Parlamento, el pobre, se hubiera visto sorprendido en su buena fe.
No hay tal.
Esa Ley es consecuencia lógica del hecho de que el actual régimen político español nunca ha trazado una frontera de legalidad y legitimidad que lo separe del régimen anterior. De haberse establecido con claridad esa línea divisoria, todo lo ocurrido con anterioridad a 1977 tendría, por fuerza mayor, un tratamiento diferenciado. Y nada benevolente, desde luego. A nadie se le habría pasado siquiera por la cabeza la posibilidad de condecorar a ningún servidor de la dictadura franquista. Ni a Melitón Manzanas, ni a Carrero Blanco... ni a Fraga, ni a Martín Villa. Igual que a ningún francés se le ocurriría reclamar prebendas para un agente del régimen de Vichy. O como sería impensable que el Portugal actual rindiera honores a ningún mandón del salazarismo.
Eso, para empezar.
En segundo lugar, no sé a qué viene tanta lágrima de cocodrilo por la condecoración de un torturador. ¡Como si fuera la primera vez que se distingue y aplaude a un miembro de esa maldita estirpe! Tenemos un caso bien reciente: Rodríguez Galindo, que todavía no entiendo cómo conseguía andar erguido con tanto metal pesándole en la pechera.
Hágase recuento de los policías y guardias civiles que han sido condenados por torturas desde 1977 hasta ahora. Indágese cuántos de ellos han cumplido efectivamente las penas que les fueron impuestas. Y compruébese cuántos de ellos han sido condecorados. O, casi mejor, compruébese cuántos de ellos no han sido condecorados, que se acabará antes el recuento.
Fui víctima de Melitón Manzanas, comisario jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa. Pero el viejo rencor que guardo al personaje no me ciega hasta el punto de olvidar que se limitó a ser uno más. Sus prácticas de torturador no constituyeron una anomalía del régimen franquista, sino su expresión más natural y genuina. Es pura hipocresía tratar de acotar el oprobio a su persona.
Javier Ortiz. Melitón Manzanas. Diario de un resentido social. 20 de enero de 2001.
Comentarios
Remitente: miren.2010/01/21 15:58:15.987 GMT+1
Remitente: PWJO.2010/01/23 01:19:48.652 GMT+1