Examinemos ahora a los otros actores del drama, esto es, a quienes ocupaban la dirección de la oposición antifranquista.
Desde el término de la guerra civil hasta avanzados los sesenta, la oposición organizada fue extremadamente débil: apenas unos miles de personas que, además, estaban obligadas a actuar en condiciones sumamente difíciles.
En los años sesenta empezó a producirse una situación que puede llamar a engaño. En efecto, comenzaron a evidenciarse muestras de oposición relativamente amplias, tanto en el campo sindical como en el estudiantil. Y es cierto que las filas de la oposición organizada comenzaron a crecer. Pero no tanto como esos movimientos concretos pudieran dar a entender a primera vista. Hubo bastante gente que se animó a participar en estas o o aquellas acciones de protesta circunstancial -tales o cuales huelgas, una u otra manifestación, etc.-, pero sólo una pequeña parte se adhirió a las organizaciones clandestinas. Y no pocos de quienes lo hicieron pasaron pronto a conocer la cárcel o el exilio, lo que no multiplicaba precisamente la fuerza estable de la oposición.
Una oposición que, por lo demás, estaba notablemente fraccionada. El partido más poderoso era, sin duda, el comunista. El PSOE apenas existía. Los nacionalistas vascos y catalanes -en cuanto fuerza organizada, insisto: no como corriente de opinión- apenas se hacían notar. (A modo de ejemplo: a los militantes del PNV, en San Sebastián, en los años sesenta, los llamábamos los "senadores", porque, en cuanto ocurría cualquier cosa notable, se reunían a "senar". La manifestación más sólida de su oposición era gastronómica..., o religiosa, porque es verdad que también organizaban muchas romerías). Había luego una multiplicidad de organizaciones radicales, muy activas, pero sin capacidad para influir en la marcha de los acontecimientos, con la sola excepción de ETA, cuyas posibilidades de incidencia provenían no tanto de su fuerza militante, que era real (fruto de la ruptura de los jóvenes nacionalistas vascos con sus mayores, y también de la especificidad del clero vasco), como de la contundencia de sus métodos.
Dentro de este panorama general, vale la pena detenerse en la posición de dos partidos fundamentales en la evolución posterior de los acontecimientos: el PCE y el PSOE.
Javier Ortiz. Inicio del tercer punto de la conferencia Tal fuimos, tal somos, pronunciada en julio de 1994 en Maspalomas (Gran Canaria).
Es Josu Erkoreka quien firma el recuerdo de hoy. Eskerrik asko.
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