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2002/07/31 06:00:00 GMT+2

La lección de Mario Conde

Me divierte ver con qué desenvoltura fingen horrorizarse ante la peripecia de Mario Conde los mismos que otrora le bailaron el agua, o las sevillanas. Los recuerdo muy bien, todos reuniditos a su vera el día de su máximo esplendor, cuando lo nombraron doctor dineris causa. ¡Cómo le reían las gracias! ¡Cómo corearon sus cánticos a la sociedad civil de yate y de gomina! ¡Qué gran ejemplo para la juventud les parecía entonces! Ahora escriben sesudos artículos pintándolo como arquetipo del bribón sin escrúpulos que se piensa que el dinero lo puede todo.

Como estoy libre de pecado -lo puse de vuelta y media cuando vivía en la cumbre-, me puedo dar el gusto de tirar piedras contra la impostada honradez de quienes chalanearon con él y le pusieron el cazo y ahora lo mencionan como si sólo lo conocieran por los periódicos.

Pretenden que la severa sentencia que ha dictado el Tribunal Supremo contra Conde pone de relieve el estricto control legal al que está sometido el sistema financiero español. No se lo creen ni ellos. Lo afirmo porque me consta: así que hablan off the record, admiten que los demás banqueros recurren cada dos por tres a las mismas artimañas y trapecerías por las que éste ha acabado en la cárcel, desde el uso fraudulento de cuentas en paraísos fiscales a las compraventas ficticias en propio beneficio, pasando por los sustanciosos pagos bajo capa a estos o aquellos políticos de campanillas.

Conde no se hundió por hacer trampas en el juego, sino por tratar de imponer a los demás su propio juego nada más sentarse ante el tapete verde. Advenedizo, farolero y, para más inri, con ambiciones políticas, se buscó demasiados enemigos a la vez y tomó por aliados a quienes sólo trataban de sacarle los cuartos que administraba.

En todo caso, nada hay de sorprendente en el hecho de que los demás banqueros -todos ellos honorables hasta que... perdón, quiero decir, mientras no se demuestre lo contrario- pretendan que Conde es un tal o un cual, no como ellos, y que lo mismo hagan los políticos a los que el presidente de Banesto trató de puentear para emprender su propia carrera berlusconiana hacia La Moncloa.

Lo que me disgusta, y hasta enfada, es que alguna gente que debería estar vacunada contra esas patochadas se las tome en serio. Es el caso del coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, que ha comentado la condena impuesta por el Supremo a Mario Conde diciendo: «Nos parece especialmente bien que los tribunales demuestren que todos somos iguales ante la ley y que incluso los poderosos pueden acabar en la cárcel».

¿Todos iguales? ¿Los poderosos? Pero ¿de qué habla? ¿Está de broma?

Este hombre ve una golondrina y ya se cree en primavera.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (31 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/31 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: justicia banesto el_mundo aznarismo supremo diario tribunal_ 2002 llamazares mario_conde aznar bancos | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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