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1997/07/02 07:00:00 GMT+2

La derrota moral

El rescate de José Antonio Ortega Lara ha tenido un primer efecto más que evidente: poner en libertad al funcionario de prisiones, secuestrado hace la friolera de 532 días. Pero tendrá también otras consecuencias. Para empezar, una que no es menor: viene a demostrar a ETA que ya no está en condiciones de mantener un cautiverio durante tanto tiempo. ETA ha perfeccionado cada vez más sus técnicas. El zulo de Arrasate era muy bueno. Estaba estudiadísimo. Pero las fuerzas del Estado no se chupan el dedo. Han perfeccionado mucho sus técnicas. Tanto más tiempo les ha dado ETA para investigar, tanto más margen han tenido para acertar. Y han acabado acertando. Ahora ETA ya lo sabe: si mantiene a una persona secuestrada meses y meses, corre dos riesgos. Uno material: que la policía cace al comando secuestrador y ponga en libertad al secuestrado. Era algo que nunca les había ocurrido a los milis. Pero el otro riesgo es todavía peor, porque es moral: pierde la partida no porque el enemigo sea más opresor, sino porque lo hace mejor. Ese es el género de fracasos que menos puede permitirse ETA. Porque contribuye a resaltar doblemente la realidad que más le hiere: que las cosas ya no son lo que eran. Una organización como ETA puede asimilar la pérdida de muchas batallas. Que algunos militantes acorralados por la policía sean tiroteados y mueran acribillados no es una derrota: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos», decía Tertuliano. Lo que no puede permitirse es perder porque ya no puede apoyarse como antes en la complicidad de la población y porque no tiene capacidad para ser más inteligente que el enemigo. Ahí ya no es una batalla lo que se dirime, sino la guerra entera. El error de ETA, desde hace ya muchísimos años, ha sido prescindir de la moralidad. Creer que podía vencer al Estado demostrando una infinita capacidad de desgaste por la vía de la crueldad: que si gente que pasaba por allí, que si críos, que si soldaditos. Pero su capacidad de desgastar al enemigo no tiene ya nada de infinita. De hecho, el Estado, este Estado tiene una margen de aguante mucho mayor. El sí que puede permitirse tener mártires. A él no le desgastan nada las niñas sin piernas, ni los soldaditos súbitamente de plomo, ni los paseantes petrificados. Lo peor, lo más humillante que tiene prescindir de la moralidad es que el enemigo puede permitirse entonces el lujo de vencer incluso moralmente. Puede conseguir no solo vencer, sino incluso convencer. Por comparación. La liberación de Ortega Lara representa un golpe en la línea de flotación de ETA. No tanto por el éxito que aporta a las fuerzas del Estado como por la evidencia en que deja a la línea de ETA.

Está claro: cuando ni siquiera apurando hasta el límite la fórmula se consigue nada, es que ha llegado la hora de cambiar de fórmula. O de hundirse con ella.

Javier Ortiz. El Mundo (2 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/02 07:00:00 GMT+2
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