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1998/07/15 07:00:00 GMT+2

Indiferencia

En los campos de concentración nazis, los prisioneros jugaban al fútbol. Y a las cartas. Y se contaban chistes. Mataban el tiempo, a la espera de la muerte.

Está en la naturaleza humana. Somos capaces de hacernos a todo. También al horror.

Asimilamos cuanto se transforma en cotidiano.

Como cada fin de semana muere medio centenar de personas en las carreteras, quedan a beneficio de inventario. Solo son noticia cuando se las arreglan para morir juntas: si se estrellan en solitario, a nadie importan. ¿Cuántos africanos se ahogan en el estrecho cada año? Solo cuentan los primeros de cada temporada, como solo nos fijamos en las golondrinas que anuncian la primavera: las demás -los demás- ya son, ya dan lo mismo. Cada tres segundos fallece de hambre un niño en el mundo: incapaces de llorarlos a todos, no lloramos a ninguno.

Llega el juicio sobre el secuestro de Marey a sus postrimerías, y los periódicos relegan a segundo plano lo que ocurre en la vista. El abogado de Vera larga barbaridades escalofriantes, auténticos monumentos al mal gusto, y los comentaristas pasan: ¿a quién importa que se hagan más mofas a cuenta de ese pobre viejo torturado? Ya no son novedad. El defensor de Sancristóbal afirma con entera tranquilidad que la odisea del anciano fue «una trivialidad», y los GAL. un invento de un puñado de periodistas y jueces. Y lo mismo: indiferencia general. Solo lo nuevo tiene capacidad de indignar, y nada de todo esto es nuevo.

No me pretendo mejor que el resto. Ayer por la mañana, cuando escuchaba las noticias de la radio para decidir sobre qué iba a escribir esta columna, llegué a sopesar la posibilidad de dedicarla a las patadas al diccionario que dan nuestros políticos: había oído a Borrell decir de no sé quién que no preveyó que algo iba a suceder. El candidato conjuga prever como proveer. Un crimen terrible, sin duda. Acabé indignado conmigo mismo. Pero lo mismo me equivoqué: probablemente ustedes se habrían divertido más con esa hipotética columna que con otro rollo más sobre los GAL, que ya aburren.

La insensibilidad ante la barbarie cotidiana forma parte de nuestra constitución humana. Es un mecanismo de autoprotección elemental. Está en nuestra naturaleza. Lo sé.

Pero también sé que casi todo lo mejor que ha producido la especie humana lo ha conseguido sobreponiéndose a sus tendencias naturales. El dominio del macho sobre la hembra está en la naturaleza humana. La igualdad es artificial: hermosamente artificial. La tendencia depredadora nos es consustancial: bendito sea el conservacionismo. También el blindaje egoísta con el que nos protegemos del entorno hostil lo llevamos en nuestro mensaje genético. Feliz solidaridad, que lo quiebra.

Me niego a ver con indiferencia cómo languidece el juicio sobre el secuestro de Segundo Marey. Porque se está juzgando también mi propia capacidad de indignación.

Javier Ortiz. El Mundo (15 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/15 07:00:00 GMT+2
Etiquetas: justicia periodismo el_mundo barrionuevo supremo 1998 felipismo vera gal marey sancristóbal | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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