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2010/03/22 06:00:00 GMT+1

Entrevista a Ricardo y Nacho

«El chiste político no es para reír»

Empezaron a dedicarse al humor gráfico político hace ya más de una década, pero sus relaciones se remontan a tiempos mucho más lejanos. «Nacho fue una de las primeras personas que conocí cuando regresé de los Estados Unidos», dice Ricardo. Primero fueron amigos. Luego vino la idea de trabajar juntos como humoristas gráficos. Así nació Goomer, que no tardó en triunfar en las páginas de El País. Pero su consagración llegaría todavía más tarde, cuando aceptaron hacer una viñeta diaria sobre la actualidad política en la sección de Opinión de El Mundo, rivalizando con los artículos editoriales.

Sobremesa.– ¿A qué vino dejar El País por El Mundo?

Nacho Moreno.– Yo dejé El País porque El Mundo me ofreció pagarme menos. Es una de esas decisiones históricas que siempre recordaré. Bueno, puestos a pagar menos, hubo un momento en que recibimos también una oferta del director de Mundo Obrero, el periódico del Partido Comunista, pero no llegamos a un acuerdo. Ideológico, quiero decir. Así que acabamos en El Mundo.

Sobremesa.– Hay quien sostiene que vosotros no hacéis chistes, sino editoriales gráficos.

Ricardo Martínez.– Eso suena muy solemne, pero hay quien lo define así; es cierto. Y algo de razón puede que tenga, porque nosotros, lo mismo que los editorialistas, también tomamos una noticia y damos nuestra opinión sobre ella. La diferencia es que lo que escriben ellos compromete al periódico como tal, en tanto que nuestros chistes sólo nos comprometen a nosotros mismos. En ese sentido, nos parecemos más a los columnistas.

En todo caso, lo que sí es cierto es que los chistes gráficos no son realmente un género humorístico en sentido estricto. A veces no tienes la menor intención de hacer reír. Buscas más mover a la reflexión.

Nacho Moreno.– De todos modos, los editorialistas son gente muy seria y muy responsable. Nosotros, en cambio, somos unos irresponsables.

Sobremesa.– A veces vuestros chistes rezuman vitriolo...

Nacho Moreno.– Los humoristas tenemos ese privilegio. La gente acepta que un chiste diga barbaridades que consideraría inaceptables en una columna; no digamos ya en un editorial. Pero esa ventaja es también una maldición, porque a veces tratas a alguien de sinvergüenza porque piensas que realmente es un sinvergüenza, y no te lo toman en serio. Se creen que estás de broma.

Sobremesa.– ¿Cómo se gestan vuestros chistes? ¿Cuál es vuestro funcionamiento diario?

Ricardo Martínez.– Por la mañana, cada uno de nosotros va enterándose de las noticias del día. Yo suelo escuchar la radio; a Nacho le va más el teletexto. Después de comer, Nacho se pone en contacto con el responsable de la sección de Opinión del periódico para enterarse de qué temas van a seleccionar para editorializar. Esto es importante, porque a veces el periódico tiene temas propios, de los que la radio y la televisión no habla todavía, porque no los conoce.

Nacho Moreno.– Hablar con los responsables de Opinión es importante, sí, pero también muy complicado, porque es gente que tiene muchas otras cosas que hacer, y tu llamada les distrae, así que tratan de escurrir el bulto. Y como ahora los teléfonos se chivan del número del que llama, pues se dan cuenta de que soy yo, y no responden. Eso me obliga a recorrer las cabinas de mi barrio, y los teléfonos públicos de los bares, y a pedir prestados los móviles a los amigos... Todo para que no se den cuenta de que soy yo quien les llama y lograr que descuelguen. Al final, de todos modos, siempre consigo pillarles y hacerles la eterna pregunta: «¿Qué llevamos hoy?».

Ricardo Martínez.– A partir de ahí, Nacho, sobre todo, pero yo también, empezamos a darle vueltas: a escoger el asunto, a ver por qué ángulo podríamos pillarlo... Así, hasta que llegamos a algo concreto.

Sobremesa.– O sea, que no es exacto que Nacho ponga la idea y Ricardo el dibujo. No existe una división del trabajo tan tajante.

Ricardo Martínez.– No; qué va. Todo va más unido. Nacho se dedica sobre todo a imaginar el enfoque del chiste, pero en el enfoque puede estar ya la idea misma del dibujo; y al revés: a veces, según hablamos, vamos variando la propia perspectiva del chiste.

Nacho Moreno.– Pero es que tampoco trabajamos sobre una sola idea. Casi siempre barajamos cuatro o cinco posibilidades. Tras de lo cual, hacemos consultas y preguntamos a unos y otros cuál les parece mejor. Ocurre en ocasiones que los compañeros con los que hacemos esa especie de test se parten de risa con proyectos de chiste que en un principio a nosotros no nos parecerían los mejores. Algunos de los que finalmente han sido más comentados, nosotros, por nuestra cuenta, lo habríamos descartado.

Ricardo Martínez es uno de los dibujantes e ilustradores españoles que más reconocimiento ha logrado a escala mundial. Ha obtenido tantos premios internacionales que sería un aburrimiento enumerarlos. Nacho Moreno ha compartido con él no pocos de esos galardones –Ricardo y Nacho son los únicos humoristas gráficos españoles cuyos trabajos son difundidos en la prensa norteamericana por un agencia especializada– , pero también ha trabajado como guionista con otros dibujantes, y es un excelente escritor, por su propia cuenta. Aunque su faceta más conocida sea la de humoristas, ambos se toman su trabajo muy en serio.

Ricardo Martínez.– Los humoristas gráficos españoles son por lo general muy buenos, pero con frecuencia afrontan el dibujo de un modo demasiado lineal, demasiado plano: retratan a uno o varios personajes conocidos, casi siempre bien caricaturizados, que sueltan algo que resulta gracioso, y ya está. Nuestros chistes tratan de ambientar la situación; de situar la idea en un decorado adecuado. La misma frase, pronunciada por el mismo personaje, no es lo mismo si la suelta en la barra de un bar, sentado ante la televisión junto a su mujer o mientras se afeita por la mañana. Hay contextos que son el 70% del chiste, y que te permiten que el texto sea mucho más sutil.

Sobremesa.– ¿Alguna vez habéis tenido problemas por culpa de un chiste?

Ricardo Martínez.– Sí. Incluso sin pretenderlo.

Sobremesa.– ¿Por ejemplo?

Ricardo Martínez.– En cierta ocasión, hicimos un chiste en el que se veía al Príncipe Felipe diciéndole al Rey: «Papá, tengo dos noticias que darte; una buena y otra mala». «¿Cuál es la buena?», le preguntaba Don Juan Carlos. «Que por fin me caso». Gran alegría del padre. «¿Y la mala?». «Que es con Alberto de Mónaco», respondía el Príncipe. Bueno, juro que no teníamos más intención que la de hacer una broma perfectamente inocente, pero el chiste sentó muy mal en algunos círculos, que nos atribuyeron propósitos de lo más turbio.

Sobremesa.– ¿Y cómo se tomó esas críticas el director de El Mundo?

Ricardo Martínez.– Nos defendió. Entre otras cosas, porque no le quedaba más remedio. Había visto el chiste la víspera y le había parecido bien.

Sobremesa.– ¿No os han censurado nunca un chiste?

Ricardo Martínez.– Un chiste entero no. Alguna vez, el director nos ha sugerido que quitáramos tal o cual expresión, porque pensaba que podía resultar demasiado cruda, o malsonante... Matices, cosas menores, en todo caso.

Sobremesa.– ¿Qué colegas españoles admiráis más?

Nacho Moreno.– Forges es genial. Sobre todo cuando ridiculiza hechos y situaciones de la vida cotidiana. Máximo es también muy bueno, pero al revés que Forges: sobre todo cuando afronta asuntos políticos y sociales. De nuestros compañeros en El Mundo (Gallego y Rey, Ángel y Guillermo, Idígoras y Pachi) no vale la pena que hablemos: se dirá que nos pierde la pasión. El nivel general es muy bueno.

Sobremesa.– Ricardo & Nacho, Gallego y Rey, Ángel y Guillermo, Idígoras y Pachi... ¡Todo parejas, los humoristas de El Mundo!

Nacho Moreno.– Sí, en vez de un periódico parece el arca de Noé. Nos embarcan por parejas. Que yo recuerde, sólo hay cuatro parejas de humoristas gráficos en España, y las cuatro están en El Mundo.

Los dos grandes, los dos bigotudos, los dos joviales... Hay gente que incluso los confunde. Pero son muy distintos. Nacho cuenta con un bien preciadísimo: ha llegado a la cuarentena sin perder la capacidad que tienen los niños –algunos– para apercibirse del absurdo de las cosas de los mayores. Es como una mezcla de Guillermo Brown, el pequeño Nicolás y Mafalda –o mejor: de Richmal Croptom, Goscigny y Quino–, pero en alto y con bigote. Ricardo Martínez pone, en la medida de lo posible –que tampoco es demasiada; para qué engañarse– el necesario toque de cordura... y su mano genial de dibujante, maestro en tres géneros diferentes: el del chiste político, el de la ilustración y el del cómic.

Sobremesa.– Tu técnica como ilustrador produce un efecto muy similar al de la xilografía.

Ricardo Martínez.– ¿Ay, sí? ¿Y qué es eso?

Sobremesa.– El grabado en madera. Recuerda la técnica del grabado en madera.

Ricardo Martínez.– La verdad es que yo no tengo ni idea de técnica. Me han propuesto que haga grabados, pero tendría que aprender cómo se hace, y no tengo tiempo.

Ninguno de los dos hace ascos a la buena mesa. Ni al buen vino. Ricardo habla de Carmelo Carderot, el jefe de arte de El Mundo, que es un verdadero gourmet, tal vez por sus raíces francesas. «Le dije que me diera una lista de vinos aceptables» cuenta, «y me la hizo. Cuando le pregunté por los precios, ¡descubrí que no había ninguno que costara menos de 5.000 o 6.000 pesetas! ¡Hombre, que me gusta el vino, pero tampoco para tanto!».

Con lo que disfruta Ricardo es con un buen plato de potaje. Es capaz de comérselo sin dejar nada (salvo el plato). Nacho, en cambio, es un devorador profesional de nécoras y percebes, aunque, bon vivant redomado, tampoco le cuesta ponerse el mandil y cocinar platos suculentos.

Nacho Moreno.– Nuestra relación está muy ligada al buen vino. Durante años –hace ya la tira–, tuvimos una costumbre: nos comprábamos una botella de buen vino en una bodega del barrio y nos sentábamos frente a frente a bebérnosla. Y a hablar. Teóricamente, se trataba de hablar del vino: que si este Bordón del 70 está muy bien, que si este Campo Viejo, fíjate por dónde, tiene lo suyo... Teníamos debilidad por las cosechas del 64 y el 70. Pero la verdad es que, para cuando la botella estaba ya mediada, la charla emprendía otros derroteros: «¿Y la putada que me ha hecho esa tía?». En fin, cosas así...

Teníamos también nuestros restaurantes-refugio. Frecuentábamos mucho La Pampa, en la calle Amparo, aquí en Madrid. Hubo una vez que Ricardo logró sorprender a toda la parroquia del restaurante. Tenían allí la costumbre, muy extendida, de poner ensaladas que llenaban por entero el cuenco. Te quedabas siempre perplejo, sin saber cómo revolverlas después de aliñarlas. Un día, harto ya de esa situación, Ricardo se abalanzó sobre la ensalada con total ferocidad y le dio una docena de enérgicos meneos. ¡Puso pringando a la mitad de los comensales! A continuación, se sentó exhibiendo una sonrisa beatífica. A partir de entonces, nos ponían ya un recipiente mayor.

Sobremesa.– Vosotros sois ya, como quien dice, una pareja de hecho. ¿También entre los humoristas son difíciles las relaciones de pareja?

Nacho Moreno.– Bueno, ya se sabe: cada pareja es un mundo. Nosotros estamos siempre oscilando entre el amor eterno y el divorcio fulminante.

Sobremesa.– ¿Hacéis más trabajos, aparte de los que publica el Mundo?

Ricardo Martínez.– Colaboramos en algunas publicaciones, nacionales y extranjeras, sí. Y cosas de encargo: felicitaciones de Navidad, algún anuncio... Pero nada tan sistemático como lo de El Mundo. Aparte de que nosotros no somos como Forges, o como Gallego y Rey, que están en todas partes. A nosotros nos cuesta muchísimo parir una idea.

Sobremesa.– ¿Todo lo hacéis juntos?

Ricardo Martínez.– ¡Qué va! Sin ir más lejos, los hijos los hemos tenido cada uno por nuestro lado.

Sobremesa.– En cuestión de trabajo, se entiende...

Nacho Moreno.– No, también solemos trabajar por separado. Y nos gusta hacerlo. Lo contrario sería agobiante. Yo escribo lo que me apetece y Ricardo dibuja por su cuenta. Por ejemplo, los domingos, en la página 3 de El Mundo, él trabaja con otro guionista.

Todos los domingos, Ricardo Martínez ilustra la «Carta del Director», de Pedro J. Ramírez. Ése es el otro guionista al que se refiere Nacho Moreno.

Sobremesa.– Vuestro trabajo es muy propicio al pirateo, a la reproducción no autorizada y, desde luego, no pagada. ¿Tenéis eso controlado?

Nacho Moreno.– Ésa es función de la Sociedad General de Autores de España. O quizá resulte más correcto decir que ésa debería ser una función suya. Porque apenas la cumple. Yo he trabajado con la Sociedad de Autores de Francia. Esa gente está todo el día oteando el horizonte con el periscopio. Si a alguien se le ocurre reproducir algo tuyo... qué te digo yo: en Tailandia, por ejemplo... bueno, pues ellos se enteran, se encarga de cobrarle y te lo pagan. Cualquier parecido entre eso y la actuación de la SGAE es pura coincidencia.

Sobremesa.– Pero, en cualquier caso, habéis logrado una enorme popularidad...

Nacho Moreno.– ¿Nosotros? Qué va. Puede que la firma Ricardo y Nacho sea una asociación de nombres popular entre los lectores de prensa. Pero muy poca gente sabe quién es Ricardo Martínez, y todavía menos quién es Nacho Moreno. Yo he acudido a recoger premios de manos de jurados que ni siquiera sabían mi apellido.

No saben cómo nos llamamos y tampoco conocen nuestras caras.

Bueno, eso tiene su lado positivo: nadie te pide un autógrafo.

Javier Ortiz. Entrevista a Ricardo y Nacho. Revista Sobremesa.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2010/03/22 06:00:00 GMT+1
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