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2010/01/29 06:00:00 GMT+1

Elección de temas

Hay bastante gente que se equivoca conmigo y que cree que hay asuntos de los que no escribo, o apenas lo hago, porque no quiero tomar postura ante ellos. Hace pocos días, un lector mandaba un comentario en el que decía que yo, como todos los trotskistas (¿yo, trotskista?), denuncio algunos atropellos pero oculto otros, porque en realidad los apruebo.

Algunos más me ponen de vuelta y media porque, según ellos, me preocupa mucho la integridad física de los detenidos a los que acusan de ser miembros de ETA, pero jamás me he interesado por las víctimas de ETA.

“¿Qué dijiste tú cuando lo de Miguel Ángel Blanco?”, me increpan.

Les respondo. El 12 de julio de 1997, la víspera del asesinato de Miguel Ángel Blanco, publiqué en El Mundo una columna titulada: “No lo matéis, por favor”, que concluía así:

«Amnistía Internacional pidió ayer que todo aquél que pueda tener algún ascendiente lo haga valer para salvar a este pobre hombre. Patxi Zabaleta respondió ayer a ese llamamiento. También lo hizo el ex concejal de Herri Batasuna y compañero de Blanco, Eduardo Egia Aramburu. El gesto les honra. Quiero unir mi voz a las suyas. Más que a otras.

»No sé si mi petición tendrá alguna influencia sobre los secuestradores, pero la haré, por si acaso. Por favor, no lo matéis. Os lo suplico. No me obliguéis a odiaros.»

Tomé partido, y neto. Como lo he tomado muchas otras veces. Cada vez que lo he considerado imprescindible. Como cuando lo de Hipercor. Como cuando el atentado de la T-4. Incluso he explicado en detalle por qué detesto la expresión “víctimas inocentes”: no creo que ningún atentado produzca víctimas culpables.

Otra cosa es que algunos prefirieran que aprovechara esos casos para razonar mi repulsa de los asesinatos de ETA desde su propia perspectiva política.

Lo que sí es cierto es que a menudo no escribo o escribo muy poco de determinados asuntos porque considero que los grandes medios ya hablan de ellos todo lo necesario e incluso bastante más. Así que prefiero centrar mi atención en noticias o realidades que otros destacan menos, o no destacan en absoluto, o las destacan de un modo descaradamente desenfocado.

De no ser así, hoy habría escrito mi columna para Público comentando las declaraciones de Fidel Castro en las que considera que el hundimiento de la URSS fue para él “como si dejara de salir el sol”. En una conversación con Luiz Inácio Lula da Silva, de la que dio referencia ayer el diario cubano Juventud Rebelde, Castro alabó el buen trato que siempre recibió Cuba de la Unión Soviética.

Bien: eso daría para un artículo largo y enjundioso, en el que debería figurar todo. Por ejemplo, cómo Jruschov jugó con Cuba durante la crisis de los misiles, moviendo a voluntad las piezas de su partida con Kennedy sin consultar con el Gobierno de Castro. ¿O ya ha olvidado el comandante que él mismo, francamente cabreado, incitó a las masas cubanas a manifestarse por las calles de la Habana al grito de “¡Nikita, mariquita (sic), lo que se da no se quita!»? ¿Tampoco se acuerda de los sucesivos intentos del Partido Comunista de la Unión Soviética de doblegar al PC de Cuba sirviéndose con descaro de politicastros del viejo partido prosoviético cubano, el Partido Socialista Popular, que actuaron como agentes dobles, a los que los propios castristas denunciaron y castigaron?

La URSS proporcionó petróleo, maquinaria y otras mercancías a Cuba cobrándole muy poco; a cambio, le compró azúcar y otros productos pagándoselos muy bien. Eso es un hecho. Pero incluso esa balanza comercial tan ventajosa hubo analistas cubanos que la valoraron ya en su momento como un arma de doble filo: la economía cubana se acomodó demasiado a lo que le venía dado y no hizo el suficiente esfuerzo por “apoyarse en sus propias fuerzas”, como se decía por aquel entonces.

De todos es sabido el poquísimo aprecio que Ernesto Guevara acabó profesando al régimen soviético. Tenía sus razones. Y acabó pagando por ello: de hecho, la dirección prosoviética del Partido Comunista de Bolivia le racaneó todo el apoyo que pudo, boicoteando su última y fatal aventura guerrillera.

Bien, vale, pero ¿cómo hacer para abordar en la plaza pública una discusión como la que acabo de amagar (estos Apuntes del Natural son, por fortuna, como una charla entre amigos) sin que parezca que me sumo al coro de los que creen que Castro es algo así como el enemigo público número uno de todos los demócratas, en tanto Bush, o Hu Jintao, o Putin, son honorabilísimos gobernantes?

Imposible. Y más cuando uno no escribe larguísimos artículos profesorales –sólo me faltaría tener que escribir a diario larguísimos artículos profesorales–, sino escuetas columnas de 2.200 caracteres.

Por eso elijo como elijo mi temario. Y quien crea que me meto sin parar con quienes me meto porque los demás me parecen estupendos, que lo crea.

Javier Ortiz. Elección de temas. Apuntes del natural. 28 de enero de 2008.

Remitente: ortiz el jamaiquino.2010/01/29 06:00:00 GMT+1
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