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2001/08/29 06:00:00 GMT+2

Bolos de verano

Cumbre del compadreo y la desvergüenza, una vez más las llamadas Universidades de Verano prosiguen su curso, es decir, sus cursos.

Por supuesto que hay cursos interesantes y bien hechos, cuyos ponentes se toman un buen trabajo preparatorio y se presentan con sus 50 folios de rigor, por si la cosa acabara dando origen a alguna publicación. Supongo incluso que habrá cursos cuyos alumnos trabajen. Pero lo más habitual es lo contrario. Son muchísimos los ponentes que se presentan con las manos en los bolsillos, disertan a boleo, se tiran una semana de vacaciones (familia incluida) y cobran sus buenos dinerillos, y no son menos los alumnos y alumnas que acuden becados, pasan el curso estudiando... el físico del resto del personal, a ver si cae algo, y no tienen más interés en la cosa que lo que la asistencia aporta a su currículo.

La última vez que acudí como ponente a un curso de una Universidad de Verano cogí un rebote apocalíptico. Fui el único de los cuatro ponentes que llevó su conferencia por escrito y el único que se quedó en el hotel -de cinco estrellas y al borde de la playa- el tiempo estrictamente necesario para seguir el curso. Otros dos se presentaron con un mero esquema, de los que caben en una ficha, y el cuarto, ni eso. Ni que decir tiene que todos estábamos advertidos de la necesidad de llevar la conferencia escrita. Mi cabreo se acentuó todavía más al comprobar que los alumnos acogieron con evidente regocijo las otras tres conferencias, repletas de anécdotas y chascarrillos de los políticos que las impartieron, en tanto bostezaron con evidente hastío durante la mía, estrictamente técnica y ajustada a la materia del enunciado.
A raíz de eso me juré que no volvía a un engendro así aunque me pagaran medio kilo.

Al año siguiente me ofrecieron participar en un curso sobre Perspectivas de Desarrollo de la Unión Europea. Pregunté qué les hacía pensar que yo era experto en esa materia. «Oh, no importa que no seas experto; tú habla de lo que te parezca mejor», me respondió el organizador. Me resultó tan evidente que el hombre, que había publicado un artículo en las páginas de Opinión de El Mundo, lo que pretendía era conseguir mi favor para publicar algunos más, que no me quedó más remedio que decirle que su oferta no me interesaba lo más mínimo. Insistió: «Puedes venirte con la familia y pasarte la semana entera...». Podéis imaginar la gracia que me hizo el descaro con que exhibía el cebo.

He conocido el caso de un célebre escritor que cobró un millón de pesetas por organizar un curso y que lo único que hizo fue proporcionar la lista de los posibles ponentes. Al final, alegó una indisposición... ¡y ni siquiera se presentó!

Las Universidades de Verano son, en buena medida, el resultado de un compinchamiento descarado entre la clase política, los popes de la Universidad y la intelectualidad de relumbrón para que el verano no resulte menos productivo que el resto del año. Y se mantienen año tras año, pese a la evidencia de la estafa, porque casi todos tienen metida la mano en la caja.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/29 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: diario 2001 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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