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2003/07/04 06:00:00 GMT+2

Aznar en estado

No se había cumplido aún el minuto uno del partido que llaman Debate del estado de la Nación y ya estaba Aznar amenazando a la mayoría parlamentaria vasca con hacerle sentir los rigores del Estado. «El Estado de Derecho no permitirá...», «El Estado de Derecho tiene recursos para...». Erre que erre. Lo ha convertido en una especie de tic: cada vez habla menos en primera persona y más en nombre del Estado.

No me importaría demasiado si se tratara de una simple manía. Quiero decir, si no fuera una manía peligrosa.

Me temo que Aznar pasa por alto un hecho fundamental: en un asunto como éste, él no tiene derecho a atribuirse la portavocía del Estado.

Por dos razones.

La primera, porque los poderes del Estado son tres, al menos en teoría, y cada uno de ellos cuenta con sus cauces específicos de expresión. El presidente del Gobierno habla en nombre del Ejecutivo, sin más (ni menos). Tanto da que sepa que sus opiniones, en este o aquel punto, coinciden en lo fundamental con las sustentadas por los órganos rectores de los poderes legislativo y judicial. Cada cual debe expresarse por sí mismo y en su exclusivo nombre.

El estricto respeto por las formas es, precisamente, uno de los rasgos distintivos del Estado de Derecho.

Pero hay otra razón, igual o más importante que la anterior, para que el jefe de Gobierno no esté autorizado a amenazar con el poder del Estado al Parlamento y al Gobierno de Euskadi: que ellos también son órganos del Estado. El Parlamento de Vitoria es Estado. El Gobierno de Ibarretxe es Estado. De hecho, el lehendakari es, por ley, el máximo representante del Estado dentro del ámbito territorial vasco.

¿No sabe esto Aznar? Claro que lo sabe. Pero lo desdeña. En su carrera imparable hacia la soberbia, se siente la personificación del Estado. De hecho, no ejerce de tal únicamente con la mayoría vasca. Lo hace también con la catalana, cuando se tercia. Y con el PSOE, si se le pone díscolo. Una y otra vez, atribuye al Estado sus propios criterios partidistas. Reedita a Luis XIV: «L'Etat c'est moi».

Buena parte del éxito del Rey Sol se debió, según muchos historiadores, a que la sociedad francesa de la época sentía «le goût de l'autorité». Me pregunto si no estamos en las mismas. También nuestra sociedad actual -las amplias clases medias, al menos- parece sentir fascinación por la autoridad. O por el autoritarismo, directamente.

Tanto más busca Aznar la confrontación, tanto más solo deja al PP, tanta más devoción suscita en una parte de la opinión pública española.

Es triste pero es así: a mucha gente -¡si lo habremos visto por estos pagos!- la mano dura le subyuga. Literalmente.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de julio de 2003) y El Mundo (5 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/04 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: el_mundo aznarismo diario ibarretxe 2003 psoe euskal_herria euskadi estado aznar españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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