El PP tenía ya un grave problema con la realidad. Ahora se le añade otro.
El anterior procedía del creciente convencimiento colectivo de que en los últimos años se ha producido una notable reducción de los recursos sociales de ETA. Es mucha la gente, y no sólo del Ebro para arriba, que aprecia que el peso de la organización armada en la sociedad vasca es cada vez menor. No hablo del peso del independentismo, ni siquiera de la influencia del ideario de la izquierda abertzale radical, sino, en concreto, del peso de ETA. Sencillamente: es evidente que el grupo terrorista, lejos de estar más fuerte, pasa por su peor momento.
Ese debilitamiento social le acarrea una creciente fragilidad organizativa. No podía ser de otro modo. ¿Que tiene cantera, gente, dinero y armas? Es posible. Carezco de la información necesaria para emitir un dictamen propio. A cambio, veo cómo se le empequeñece el caldo de cultivo, la simpatía ambiental, la complicidad social. Lo cual la vuelve cada vez más vulnerable a la represión policial.
Tal cosa no constituye ningún mérito que quepa atribuir a los aciertos del Gobierno de Zapatero, que ha hecho mucho menos de lo que sus rivales le atribuyen. Lo que sí cabe afirmar taxativamente es que se trata de algo que ha llegado a pesar de los esfuerzos del Partido Popular y de sus agentes propagandísticos y judiciales, que han empujado erre que erre en la dirección contraria.
Reclamar a ETA que negocie, mostrarle la viabilidad de un acuerdo razonable para su desaparición del mapa y hacer ver a quienes viven en su vecindad político-social que les es más rentable, a todos los efectos, concentrar sus aspiraciones en el campo de la contienda política, no sólo no ha debilitado la lucha para acabar con el terrorismo, sino que la ha fortalecido. En el plano social, desde luego, pero también, según todas las trazas, en el terreno policial.
Ésa
es la realidad esencial. A partir de ella, lo de menos es que tal o
cual caída se deba a esta o la otra colaboración policial, al dato
proporcionado por el vecino tal o a la avería que sufrió la furgoneta
cual.
Nada de milagros. Las casualidades formales son tan sólo las grietas por las que se abre paso la necesidad de fondo.