Comprendo que, de todos modos, y aunque la eficacia de la demostración pública tenga esos límites, haya mucha gente que quiera que se produzca una convocatoria así, por el aquel de tener la oportunidad de exteriorizar lo que siente; de desahogarse.
Con todo y con eso, en este caso, la manifestación de Madrid ha tenido un efecto político, no sé si buscado, pero importante, derivado del hecho de que se realizó y tuvo éxito pese a la oposición del Partido Popular y de sus compañeros de viaje.
Somos bastantes los que venimos rumiando desde marzo del pasado año que, por mucho que los sondeos de opinión indicaran que éramos muy amplia mayoría quienes apoyábamos el proceso de paz, a los únicos que se les veía en la calle eran o bien a los que se oponían a él (el PP, la AVT, etcétera) o bien a los que querían alimentarlo con gasolina (o sea, a los de la kale borroka). Era como si todos los demás estuviéramos viendo la vida desde la barrera, en plan espectáculo, o como si nos diera igual, o como si hubiéramos delegado en otros -implícitamente, sin pasar por las urnas- la defensa de nuestros propios intereses en este asunto crucial. De modo que todo el ruido corría a cargo de los de la cofradía del Santiago y cierra España, que monopolizaban la calle, las ondas, las casullas, las patronales y cuanto se pusiera por delante. En función de ello, tenían la santa jeró de hablar en nombre de todos, especialidad en la que Mariano Rajoy alcanzó las máximas cimas: «A nadie le interesa...», «Todo el mundo sabe que...», «No hay nadie que no entienda...».
En eso se convirtió la mayoría: en nadie. Y se convirtió en nadie por no plantarse en la calle, por no tomar los micrófonos, por encerrarse en el anonimato, por no hacerse sentir.
El sábado en Madrid se produjo un hecho que a cada cual podrá parecerle lo que quiera, pero que representa una realidad indiscutible: las calles se llenaron de gente que las ocupó a pesar de que el PP y sus compañeros de viaje le habían recomendado que no lo hiciera.
Fue importante: la calle vuelve a no ser suya.