Desde donde escribo estas líneas, en una vieja casa del centro de Santander, puedo ver las ruinas del edificio que se desplomó el sábado, causando la muerte de tres personas.
El alcalde, Íñigo de la Serna (PP), anunció en seguida que el desastre pudo venir causado por unas obras de restauración inmobiliaria que se estaban realizando –dijo– “más allá de la autorización municipal”. Lo que no añadió en un primer momento, pero ha reconocido después, es que los servicios de su alcaldía, alertados por denuncias del vecindario, habían comprobado días antes que, en efecto, esas obras carecían del permiso necesario. Pero no ordenaron su paralización. Los trabajos prosiguieron. Y vino lo que sabemos.
De la Serna ha asegurado que su ayuntamiento va a formar una comisión que estudie el estado del conjunto de los edificios del barrio, por si hubiera otros amenazados de ruina. Es fantástico, sobre todo si se tiene en cuenta que hablamos de una zona en la que en los últimos dos años ha habido ya cinco aparatosos hundimientos. ¡Cinco hundimientos, y se ha decidido a formar la comisión ahora! (Y ya veremos qué hace y en qué queda.)
Este barrio, conocido como el Cabildo de Arriba, empieza a escasos cien metros de la sede del propio consistorio santanderino. “Está de pena”, ha dicho Miguel Ángel Revilla, el presidente de Cantabria. Puedo certificarlo por propia experiencia.
He
conocido de cerca varios barrios así, de ésos que Quevedo llamaría “archipobres
y protomiseria”. Los he visto en París, en Madrid, en Barcelona… El escenario
es siempre el mismo: situados en un área urbana privilegiada, habitados por gente
marginal o de muy escasos recursos, las autoridades no hacen nada para evitar
que se deterioren hasta volverse inhabitables. Una vez que la gran mayoría de
los vecinos de siempre ha huido, vendiendo sus habitáculos por cuatro perras porque
aquello no hay quien lo aguante, llegan las constructoras de casas de lujo, los
servicios municipales de lujo y la policía de lujo, que convierten el barrio en
estupendísimo, limpísimo, segurísimo… y carísimo. Todo de lujo. Pero tiene bemoles que para llegar al lujo haya que
pasar por el luto.
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(Aparecido en Público el 11-XII-2007)
Hoy hay también Apunte del Natural
Comentarios
A este proceso se le llama gentrificación. Y que al final todo quede de lujo tampoco es bueno, ya que los vecinos de siempre ya se habrán ido y los que queden van a considerar que ese ya no es su barrio.
Remitente: Francesc Mestre.2007/12/11 08:33:57.593 GMT+1
Remitente: Jorge TM.2007/12/11 10:46:58.333 GMT+1
Remitente: Angel.2007/12/11 13:08:26.527 GMT+1
Entre el léxico de JO, que me envía frecuentemente al diccionario, (y me gusta) y los palabros que asoman por aquí, que también me envían al diccionario, se supone que nos culturizamos un poquito.
Pero es que en el DRAE no aparece "gentrificación". Y no creo que sea por neologismo sin recoger.
Tajante, me indica: "La palabra gentrificación no está en el diccionario".
Pero bueno, parece que ya sé lo que significa: Una nueva forma de especular, "asustando viejecitas" en barrios archipobres y protomiseria. En todos los hogares cuecen habas, y en el mío a calderadas. Escribo desde Bilbao: San Francisco, Bilbao La Vieja, etc., barrios a 5 minutos reales del centro.
Remitente: wamba.2007/12/11 16:21:15.769 GMT+1
Ya vuelvo...
La Wiki me ha sacado de dudas. Gentry... etc.
Remitente: wamba.2007/12/11 16:27:36.380 GMT+1
Remitente: Aristófanes.2007/12/11 22:00:40.875 GMT+1