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2006/11/02 06:40:00 GMT+1

Sobre lo de Cataluña

Cuando vi las fotografías que se dejaron hacer anteayer los cinco principales candidatos a la Presidencia de la Generalitat, todos unidos en alegre comparsa, posando en las actitudes y con los fondos que los periodistas gráficos consideraron más oportunos, los cinco tan corteses, los cinco tan disciplinados, me dije: «¡Qué excelente retrato del establishment político de Cataluña!».

Tal vez piensen ustedes que mi exclamación tenía retranca. Si lo piensan, acertarán, porque la tenía. Pero sólo en parte.

Llevo muy mal, y no lo oculto, que los políticos se comporten como casta solidaria, o sea, como «clase política», según suele decirse (con más precisión sociológica de la que muchos atribuyen a esa expresión, por cierto). Ya sé que lo valiente no quita lo cortés, pero antes que cortés hay que ser valiente, y me da que son demasiados los dirigentes políticos que se muestran tan corteses, tan corteses, que todo se les va en la corte, y no hay manera de encontrarles el valor por ningún lado.

Eso es lo primero que me salió pensar, y lo admito, cuando vi a los jefes de fila de la política catalana tan sonrientes, tan trajeados, dándose palmaditas en la espalda, tan como si estuvieran en vísperas de Navidad y no del día de los difuntos. Eché de menos la evidencia de un sano odio mutuo, planteado bien a las claras. «Sin complejos», que suelen decir los del PP. Que el electorado pudiera tener claro que se deseaban lo peor mutuamente, por lo menos algunos.

Pero, como uno es vasco y sabe de los peligros que encierra eso de llevarse muy mal –e incluso a matar, si se me permite expresarme con la mayor crudeza–, también alimento una cierta envidia, y me digo: «Bien, todo tiene su lado bueno. Con éstos no habría modo de montarse una guerra civil, de ésas que algunos parecen echar tanto de menos».

Sea como sea, y háganse las cábalas que se quiera sumando los resultados de éstos con los de aquéllos y restándoles los de más allá, lo que parece estar definitivamente claro es que ha habido un buen porcentaje del electorado catalán –abrumador– que se ha dicho que todos estos señores se parecen demasiado entre sí y que, puesto que lo que va a suceder en la Generalitat está tirando a cantado, pues que lo hagan, y adiós muy buenas, hasta la siguiente.

Yo he hecho una pequeña encuesta entre mis amistades catalanas –a las que podría reprochárseles cualquier cosa menos estar despolitizadas– y, aunque el voto es secreto, etc., etc., me da que la abstención ha sido su opción predilecta. No dedicaron la jornada de ayer a mirar fijamente los crisantemos, pero casi.

Luego está la cosa ésa de la candidatura que pretendía desbordar a Piqué por la derecha. Lograr ese porcentaje mínimo sobre el ya escaso porcentaje de votantes es como para plantearse seriamente dedicarse a otra cosa.

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 Lo anterior reproduce las notas que escribí nada más conocer anoche las previsiones sobre el resultado de las elecciones autonómicas catalanas. Es lo que hoy publica como columna El Mundo bajo el título «La foto política catalana».

Aquí y ahora, ya sin urgencias ni límite de espacio, añadiré un puñado de apuntes más.

- El primero, sobre el párrafo final de la columna. Ya sé que es demasiado seco y despectivo. Lo metí en respuesta al estruendo general, por lo común alborozado –y a todas luces exagerado–, con el que buena parte de los medios con sede en Madrid acogió la entrada de Ciutadans en el Parlament. Tengo el convencimiento (no arbitrario: basado en indicadores relativamente fiables, como los índices de audiencia radiofónica) de que las ideas que defiende la gente de Ciutadans tienen bastante más seguidores en Cataluña que los votos que ha logrado esa candidatura. Ser votado por el 3% del 57% (que es el porcentaje de participación) no es precisamente como para echar cohetes. A no ser que los cohetes se disparen con pólvora del rey.

- A nada que se hubiera esmerado la parte del electorado que optó por votar en blanco (más del 2%), congrega más ciutadans que Ciutadans.

Algún día entraré en el análisis de esto del voto en blanco. Sé que hay gente que prefiere votar en blanco a abstenerse porque cree que de ese modo deja constancia tanto de su rechazo de la oferta electoral disponible como de su civismo. Lo primero que habrá que discutir es si deja constancia de algo, porque son (somos) poquísimos los que tenemos en cuenta el dato de los votos en blanco. Y lo segundo que podría debatirse (yo lo haría) es si abstenerse en menos cívico que votar. La abstención tiene un aspecto positivo del que carece el voto en blanco: rechaza no sólo las candidaturas propuestas, sino el procedimiento mismo y las leyes, incluidas las del mercado, que lo rigen.

- Hay quienes me han reprochado mi falta de apoyo explícito a Esquerra Republicana de Catalunya. Ignoro por qué. Para empezar, nunca he pedido el voto para ninguna candidatura. En ninguna votación. (No le veo sentido. Me parecía mal que alguien se dejara influir por una recomendación mía.) Aparte de que, en este caso, mi opinión –e incluso mi sentimiento– es que la dirección de ERC ha contemporizado demasiado en los últimos tiempos con la política establecida. 

- Volviendo a Ciutadans. Me choca que la forofada mediática derecho-centralista no se haya mostrado preocupada por la división que su 3% establece en la derecha españolista catalana. Es obvio que su entrada en el Parlament se ha verificado a costa del PP, que ha perdido un escaño, cuando lo lógico habría sido que, después de la fortísima campaña apocalíptica de los últimos meses, la opción de Piqué hubiera mejorado sus resultados.

Aunque tampoco descarto que las huestes acebo-zaplanistas se hayan frotado las manos, así sea a escondidas, viendo el fiasco de Piqué.

- Reparé anoche en el regreso apoteótico de una técnica política particularmente molesta. Me refiero al tan hispánico recurso a la excusa adversativa, que permite a muchos hacer como si tuvieran en cuenta realidades que de hecho desprecian. Me hicieron reparar en ello en tiempos de los GAL: «Por supuesto que condeno la actividad de los GAL, pero también es cierto que...», objetaban algunos (los de CiU, sin ir más lejos). Huelga decir que, a partir de esa afirmación, lo único que les importaba era el «pero también es cierto que». Ayer pasé lista y no hubo dirigente político catalán que no pretendiera haber «tomado nota» de la fortísima abstención. Por el discurso que se largaban todos a continuación, era muy de temer que esa nota que habían tomado se la llevaran a su siguiente visita al WC, por si les faltara papel higiénico.

Y por hoy ya vale.

Nota de edición: Javier publicó una columna que trata el mismo asunto en El Mundo: La foto política catalana.

Escrito por: ortiz.2006/11/02 06:40:00 GMT+1
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