Poemas y escritos de “Marat”

 


 

Cuando “Marat” se presentó por este rincón de la Red

 

Sin saber detenerme creo haber recalado en mil sillas e igual número de ideas. Hablar en público, aunque sea en silencio, como ahora, resulta inquietante, pero algunas fuerzas no soportan su reclusión. Las palabras son esas fuerzas. Los desencantos me han llevado al silencio tantas veces como me han hecho plasmar en escritos los sentimientos. Jamás he realizado un esbozo o estudio preliminar cuando  estos dominaban  mi realidad. Las ideas fluían revestidas por un torrente de expresiones, gritos, rencores y deseos, quedando plasmadas sobre un papel. ¡Tantas veces planeé escribir un libro! Pero con estos antecedentes impulsivos e incapaces de ser ordenados el propósito era, es un  reto imposible. Mis invitados de honor, el pesimismo y la crítica, no merecerían siquiera ser citados, dada su ingratitud, mas sin ellos seguramente he emprendido pocos viajes. Creo que en cualquiera de mis textos se ve reflejada la influencia que tienen sobre mí.

El carácter híbrido de estas piezas sueltas tan sólo expone esa necesidad de deambular sin permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. Sin embargo, soy lo que se dice un periodista desencantado, inmóvil y desilusionado. Las jerarquías mediáticas aplastan cualquier atisbo de crítica, y las voces discordantes se pierden en un olvido mortal junto al barranco.  El pseudónimo de Marat me sitúa en la necesidad de indicar que este revolucionario jacobino, periodista impulsivo, médico, escritor, pensador y mártir, representa buena parte de la conciencia – de la  mejor y de la peor- con que me enfrento cada día a la dictadura de las convenciones, los silencios, los dogmas, y, especialmente, a la irracionalidad adorada con continuas reverencias. Tomaré, finalmente, prestadas unas palabras suyas, publicadas en el Journal de la République Française: « Je demande pardon à mes lecteurs si je les entretiens aujourd'hui de moi, ce n'est ni amour-propre, ni fatuité, mais simple désir de mieux servir la chose publique».

“Marat” (30 de marzo de 2001)

 


 

NUEVA TANDA DE POEMAS DE «MARAT»

(Noviembre de 2001)

 

 

 

 

Sueños del poder

 

Cerrando los ojos a la razón

y apagando los ecos del sueño,

pasan los hombres del poder

mientras matan la esperanza.

 

Ciegos de engaño y risas,

alquimistas trágicos de papel,

vulgares engullidores de fobias

y vanidades secretas de marfil.

 

Insaciables hermanos del desprecio,

lectores de diálogos sin prosa ni verso,

cantores de desdichas ajenas,

embriagados por rayos de astucia.

 

Ocultasteis el agua a los sedientos,

derramándola en vuestros jardines.

Olvidasteis que la muerte es también

 un frondoso paraje dispuesto a ser cuidado.

 

·         

 

 

Vida desesperada

 

Estrenamos épica milenarista para curar

los sinsabores del siglo pasado, cuando verdaderamente

lo único que pasa, lo que sencillamente transcurre

 es el desgaste emocional de unas virtudes mal entendidas.

Lo que no cambia es el sistema. El sistema operacional.

 El cenit de la sonrisa artificial.

No cambia el estreñimiento irracional

de viudas sin ideas y esclavos del tormento.

 Seguimos tapando los ojos a la razón

y con ello adelantamos el paso de los tiempos.

 Seguimos inmersos en la caverna de la oscuridad,

sin las ideas que hicieron al hombre volar

 mucho antes de la amenaza de los dioses.

Libertad esclavizada en un horizonte perdido.

Genios del mundo en sillones con los monitores de títeres.

 Seguiremos ahogándonos para que sus hijos se diviertan

y, de paso, mantengan los espíritus enlatados.

Luces sempiternas del olvido, apagad ya los deseos.

Malditos centinelas de la amargura,

dejad que cicatricen las vanas esperanzas.

Y tú, niña, mírame a los ojos

 para que yo no te olvide.

 

·         

 

Nada

 

Perdido, navegante, atolondrado, errante,

sonámbulo, prisionero, herido,

casi dormido, vagabundo, caminante que recorre

el raíl sin encontrar el horizonte.

 

Borracho de incógnitas, bebido, ebrio tras la luz.

Querría que ésta me cegase y  no la encuentro.

 

El umbral del pensamiento se desvanece

 y borra las huellas.

 

¿Dónde está el vivir?

¿Dónde queda el mañana?

¿Quién fabrica los sueños?

¿Quién mirará el futuro?

Fatiga y desilusión resquebrajan con ansia los minutos

 de mi estancia en este corto viaje hacia la nada.

 

Habré de mirar al futuro y pensar...pensar no es nada.

Morder un labio, girar hacia la ventana y ver... ver nada.

 

Una manzana verde, verde manzana y roja la ira,

ira de la espada. Metal, metal es nada.

Vivir con pasión, pasión no es nada.

Anhelo, ¿de lo eterno no hay nada?

Verdes prados, blancas miradas.

 Y tras lo blanco... no hay nada.

 

Un lugar en el corazón, al lado de tu mirada.

 Veré el mundo por tus ojos y viviré

desde la esperanza de no hallar identidad semejante.

 Semejante a ti, a mí, semejante a nosotros no hay nada.

 Vulnerable, excitable, desarmado por el tiempo

 recorro en la mañana laberintos con picos, sierras, escaleras,

 y una mano me auxilia, me lanza un dardo, un dardo no es nada.

Veo estrellas, veo un juicio, alguien lo perdió, pero no es nada.

 

Cantan a lo lejos unas madres enlutadas.

 Son la esperanza, son lo bello, bello, bello no hay nada.

Es el olor a raíz, es el caballo de ayer.

Viene deprisa con el  blanco entre los negros donde soñaba.

Cabalga sin dueño, dueño de nada.

Sube y baja. Para el tiempo, y entonces, no  cabalga.

Un latido sonaba, paró.

Sonaba, ahora nada.

 

·         

 

La lluvia del adiós

 

Maniatado por el viento

que me acerca tus lamentos,

recorro el pánico de la memoria

dejándome arrastrar por la culpa.

 

El olor a desesperación ha penetrado ya,

perturbando mi soledad ,

haciendo hervir cada segundo

de las horas en que tú no estás.

 

Me ignoras desde lejos,

y sé que tu ceguera

conlleva el olvido,

el adiós.

 

Es una penumbra irremediable,

pero aun así violenta,

maldita, humillante y tenaz,

pues apaga nuestras vidas.

 

En el odio de la desesperación,

en las tablas de su ley,

acariciando las desdichas,

emerge el abismo negro.

 

En tu despedida no suena nada,

ni siquiera los acordes

de los días más bellos

en que nos besábamos.

 

La pasión encendida dijo adiós,

ayer, mientras perdíamos la razón,

mientras caían las gotas negras

de una lluvia maldita para siempre.

 

·         

 

Huida

 

Huías de la soledad

en la mañana candente.

Sabías que te buscaría,

que no pararía

hasta encontrarte.

Los labios que ya no me buscaban,

los ojos que no querían verme,

los oídos sordos a mis lamentos,

y el corazón cerrado a mi arrepentimiento.

En el museo de tu indiferencia

penetro con el inconformismo

de un iluso veterano de las disputas

sin creer del todo tu adiós contundente.

No hay sitio para nosotros

no hay recuerdos vivos

Huyes sin mirar atrás.

 

·         

 

Casatejada

 

Una luz en el fondo de mi existencia

 marca la senda del gozo y el orgullo.

No creo en banderas ni etnocentrismos;

las fronteras son heridas de la humanidad.

 

Mas encuentro en este término

la soledad, el abismo del pensamiento

 y el cobijo irremplazable, imposible de hallar

en  cualquier otra peregrinación.

 

Penetrar en una historia accesible

narrable, aunque escondida

es un motor capaz de funcionar

con el carburante de la felicidad.

 

Las rutas breves cargan con pasión

las vivencias diarias de la nostalgia.

Cada cruce, cada esquina,

 cada resquicio de vida emerge

ante mí con inusitada magnanimidad.

 

La infancia revive como una llama

alentada por el clamor del recuerdo.

Los parches del progreso ocultan

sin sentimientos las costumbres.

 

Azul, omnipresente, poderoso,

vitamínico, pasional, culminante.

Ocre, pálidos tonos de los campos.

Terrenos olvidados, desasistidos.

 

Las manos sirven menos,

los ojos, sin embargo,

siguen llorando como antaño.

 

Desfilan las imágenes que nos narraron,

 los caminos mil veces vividos

por nuestros antepasados.

Nos cruzamos, nos vemos

 en la siempre ciega evanescencia.

 

Buscamos  sombras huyendo del sol.

Son horas prohibidas, pero irrenunciables.

Significan la plenitud de la experiencia,

la inmensa necesidad de sentirse libre

en sus manos de plata, en sus pasillos

de sangre viviente, de alegría, de verdes

lamentos serenados por la razón.

 

Se ama, se enloquece ante su distancia,

se sueña, se añora, se persigue su encuentro,

su recuperación, su realidad constante.

 

Y al alejarse, se empañan los ojos

mientras las vías inician el desfile

de un adiós agrietado por el dolor.

 

·         

 

 

Belisario

 

Sabe que reinar es un delito moral.

Es un exiliado del vulgarismo.

Un caballero andante sin más armas

que la paz y la libertad.

Capaz de sonrojar a los necios

que ocupan sillas en la academia

de la desvergüenza,

ajenos al sonrojo más cancerígeno.

Pocos se atreven a visitar

su acontecer diario.

En su maldad vulgar saben que no

están a su altura.

Mirarían al suelo incapaces

de erguir un trayecto visual

tan pobre de esperanza

como podridas están sus entrañas.

Nombre guerrero,

defensor real del hombre,

de la moral entera, absorbente, decente,

milenaria, certera, elevada, imantada,

señera, iluminada, guía, estrella.

Incógnita para el ojo y entender ajeno,

plagado de llagas del dolor,

de la carrera sin tregua

que se cierne sobre la desventura

en el tiempo entregado.

Radical, enérgico, luchador, guerrero.

Atrincherado, rodeado de belleza

imborrable, inmortal, utópica.

Redención inservible hoy

como ayer en el hombre animal,

irracional, un lobo que aúlla

a los oídos de su hermano.

En la sombra de su rincón

sobrevive, redecora su intelecto,

nutre su aventura de doble fondo,

como prestidigitador de ideas,

como un filósofo portentoso,

hábil, sin fines que justifiquen más medios

que su paz, su entera paz.

Y a su abrigo los silenciosos clones

de una admiración velada, plena.

Sus ojos apenas se cierran, sus manos

casi no muestran las palmas,

pues las conserva exactamente

 como su corazón: abiertas.

Embajador de la libertad,

de la justicia humana,

de los colores de la entereza,

en una obra constante

de dimensión magnánima.

Su sonrisa conlleva el mérito

de la superación humana.

Su sonrisa es el reflejo de

su absoluta superioridad.

Su sonrisa también es una entrega.

Perdidos en la constante apariencia

los necios le dieron la espalda.

Y les devolvió talento 

a cambio de la amargura de esa

imagen autocomplaciente de los estúpidos,

de los que tratan de llenar su experiencia

de besos falsos y risas muertas.

A todos les entrega su brillantez, su destreza,

abanderando una herencia de lucha,

de inconformismo brillante.

Pero este brillo, a veces,  se lo reserva

para su propia soledad.

Siempre ha vivido en la invisible

 telaraña de la ética.

 

·         

 

 

Barricadas de dudas

 

En el lamento diario de la desesperación

se evocan los pareceres menos dignos.

La oscura panorámica del grito emerge de nuevo,

recordándonos nuestro origen humilde

y nuestra irremediable distancia

de la tranquilidad equitativa.

 

Los necios enjaulados peregrinan desde sus casas

hasta las opulentas moradas del pretencioso desprecio.

Sobreviven embadurnados de excesos e ilógica.

Nada ni nadie puede detenerles.

 

 Así es la ley,

así son las cosas.

Detrás de la eterna humillación del Poder

se ocultan las historias de reyes y dioses,

siempre maratonianos aduladores del ego insaciable

.

¿Por qué caer en la red del conformismo miserable?

¿Por qué silenciar los reproches ante los bárbaros?

 

Es una cuestión de salud.

 La barricada es un virus.

 Podemos levantarla,

 pero caeremos enfermos.

Nos harán enfermar, más bien.

 

Sus armas se prestan puntualmente

a la extinción de las barreras

 que suponemos en nuestro intento

 de repartir la riqueza de manera equitativa.

 

El brote se multiplicará debido

a los  asesinos más intransigentes,

aquellos que silenciosamente traicionan a sus hermanos

sin más pretexto que unos minutos de gloria

ante el espejo de la posesión temporal.

 

Luchar.

Vivir luchando.

Morir luchando.

¿Qué es lo que merece la pena?

Me temo que no lo sé,

pero  lucharé.    

·         

 

En una mirada

 

El gran pecado de un hombre incrédulo

es mirar al cínico a los ojos,

mostrándole con la verdad de su mirada

toda la vileza que contiene su propio  iris.

 

En el llanto de la sinceridad

se levantan las ampollas de la inmisericordia.

En la risa de la falacia

crecen las flores venenosas.

 

Un hombre huye del tormento,

huye de esa tenebrosa sombra,

del atroz espectro del desalmado.

Por el camino reparte sus huellas.

                                  

En el paseo militar de un tirano mediocre

se asume el terror que imponen sus aliados.

Cabizbajos los leales a la libertad , disimulan su respiración

Está en  juego la vida del chantaje involuntario.

 

Las banderas están preparadas;

las armas, listas para luchar

y en el adiós definitivo

surge la sonrisa de la niña.

 

¿Será para siempre desvalida y solitaria?

Cada hombre es dos mitades en ese instante,

cada mitad es un mundo de terror y esperanza.

La niña vio agitarse las banderas a lo lejos y lloró.

 

·         

 

Azul entre llamas

 

El azul  que castiga

con su frío y vanidad

nos impone una leyenda

tatuada y efervescente.

 

Los inmisericordes lanzan sus diatribas,

generan las ilusiones perdidas,

rocían los cuerpos de los demás

con impecable eficacia.

 

En la humilde carencia manifiesta,

los soldados de la muerte

sonríen para la foto,

y el aliento les huye.

 

Parcelaremos cada rincón

de la agónica morada clandestina,

repartiremos sin privilegios

cada ápice de esperanza.

 

Los batallones formados ya

tan sólo aguardan la señal.

Entonces el silencio vivirá para siempre

entre las llamas del adiós.

 

·         

 

 

Liarh

 

Escucho tras el sigilo

el vulnerable murmullo del adiós.

Se elevan los trazos del artista

sucumbiendo a los encantos de Liarh.

 

Sus trenzas,  inocente reclamo;

su mirada, una curva armoniosa;

su sonrisa, eterna fuente de melancolía;

y su espalda desnuda, el mármol.

 

Las manos del hacedor tiemblan

por primera vez desde que alcanzara la cima.

Liarh viste ya su cuerpo y su alma.

El artista sabe que no volverá nunca más.

 

·         

 

El hijo ingrato

 

Una tierra de libertad

y llanuras de bondad inmaterial,

reflejos de su coraje,

secuencias impagadas.

 

La destreza imborrable,

la lucha sin recompensa,

la agonía de quien vive solitario

sin recuerdos, sin amenazas.

 

Volcán, mares, ríos, sol y luna,

universo, glaciar, existencia,

amor, maternidad.

Silenciamos los silencios.

 

·         

 

Juntos

 

Ligeramente reclinado,

un tanto cabizbajo.

Me desespera tu malestar.

Los nervios se han comido  mi alimento.

 

Salgo y entro exhausto

en el baúl de la inquietud.

La vela se apagó

y ha dejado sin sentido

el humo de la señal espiritual.

 

Esa flor que colgaba de mi cuello

 se ha humedecido,

se abre a cada sonrisa.

Respirar profundo

.

La fuente del desmayo

inunda mis pulmones,

me cuesta trabajo respirar

y pronunciar tu nombre.

 

La célula de la vida

se escode tras mi sombra.

Sale a tu encuentro.

Quizá debiera ser impersonal,

pero ya es demasiado tarde.

Mi célula y tú convivís ya

para siempre juntos.

 

·         

 

Sueños

 

¡Qué pena que sólo despertemos

cuando el ruido golpea nuestros tímpanos!

¡Qué lastima que algunos duerman eternamente!

¡Qué rabia que otros estén predestinados al sueño eterno

sin poder llegar siquiera a soñar!

 

¡Qué asco que los fabricantes de sueños

ignoren a quienes deberían poder soñar!

¡Qué inútil se siente uno cuando sueña con todo ello!

 

·         

 

Melancolía del desencuentro

 

He leído tus cartas

y me doy cuenta

del ir y venir

de un tiempo loco.

 

Quizá la cordura sea

 un elemento perturbado

en una pasión dual.

 

No quiero oír

un tono de voz

que acuse a nuestro tiempo.

 

Me consume un solo minuto

de desacuerdo

o disconformidad

en nuestro lenguaje.

 

Quisiera cerrar el aire

en un recinto sagrado

y viajar por todo el mundo.

 

·         

 

Eterna indecisión

 

¿Reírme del desquiciamiento

o plantarle cara a la rutina pesarosa?

 

¿Caer en la trampa o esquivarla

rebajando la dignidad idealizada?

 

¿Saltar sin mirar la distancia

o calcular los daños del posible error?

 

Los caminantes se cruzan,

vacilan en sus trayectos

sin llegar a chocar.

Tan sólo sus miradas lo hacen.

 

Palabras, lamentos, engaños,

sonrisas, silencios, guiños, destrozos,

enmiendas, pisadas ruidosas, gritos,

lentitud, exactitud, fucsias, verdes, marengos,

negros vendavales de moda y asperezas.

 

La calle es un paraje vivo,

un mundo de convulsiones.

Todo sucede mientras

yo me lo pienso.

 

 

n

 

 

PRIMEROS POEMAS (Y OTROS ESCRITOS) DE «MARAT»

(Marzo de 2001)

 

 

 

Despertar

 

Al abrir los ojos a la mañana

he querido dejar despiertos

mis ojos y mis heridas,

mis días; y lo lamento.

 

Tormenta sobre la vida,

infierno sobre el recuerdo;

la llama permitida,

el murmullo de la agonía.

 

Que me olviden los necios,

y la gloria marche en honor a otros.

 

=

 

En las nubes enrojecidas

 

En las nubes enrojecidas se vive la llama

de una pasión entrelazada,

ocasos de un abismo itinerante:

la pasión de la sinrazón.

 

Ojos de ogro tras la esquina,

impenitentes en procesión

de alargadas hileras tendenciosas,

viviendo la vida de una vela.

 

Pegasos y lejanos gladiadores,

en una misión arriesgada;

turbias luces de papel y

tu boca sobre el cielo.

 

Una manzana podrida,

un barrizal inservible,

un latido deforme,

un silencio culpable.

 

Y la lenta agonía del desamor,

los llorosos ojos de la humanidad,

la humillación del saber y la razón,

y el triunfo, pues, del mal.

 

=

 

Lluvia