Diario de un resentido social

 

Ortiz se va de rallye

 

Frente a la casa de Ortiz, situada en una colinita a las afueras de Aigües, en Alicante, hay un hermoso valle.

A Ortiz le gusta mucho el valle porque pone ante sus ventanas un muy amplia y bella vista. También le gusta la tranquilidad del paraje,  donde el único ruido que se oye habitualmente es el trinar de los pájaros (aunque a Ortiz, en realidad, no le gusta nada que los pájaros se instalen en los árboles de su casa, y detesta francamente la tendencia de los bichos a posar sus excrementos en cualquier lado, incluyendo la tumbona de Ortiz).

Con estos antecedentes, se entenderá la extrañeza que sintió ayer Ortiz a media mañana, cuando oyó un considerable estruendo en el valle (en su valle, como dice él, con un espíritu de propiedad que, amén de no resultar nada socialista, dista de estar avalado por ningún Registro de la Propiedad).

Asomóse Ortiz a su valle prismáticos en mano y comprobó que el estruendo procedía de una fila de coches de ruidosos motores que se habían situado a medio kilómetro de su casa, en la entrada de la estrecha carretera que conduce desde Aigües a La Vila Joiosa pasando por el pantano de Amadorio. Ortiz vio que los coches iban pintados con colores muy chillones, que llevaban pegados muchos anuncios, que cada uno tenía inscrito un gran número en la puerta y que el conjunto estaba regulado por unos señores de verde con papeles en la mano. Con su conocida perspicacia, Ortiz dedujo que aquello era un rallye.

Lo cual le molestó sobremanera, porque si a Ortiz le fastidia que le importunen los pajaritos, no digamos nada de los coches que hacen mucho ruido, ruido que, además, su valle amplifica cual caja de resonancia.

Ortiz vio con disgusto que los coches iban arrancando a razón de uno por minuto, y que cuando arrancaban hacían todavía más ruido. Entró en la casa, cerró puertas y ventanas, encendió el equipo de música, insertó un cedé de Benny Bailey –poderosa trompeta jazzística– y se aisló del ruido de fuera por el singular sistema de organizar dentro un ruido mucho mayor.

Una bandada de estorninos que estaba depredando alegremente el único cerezo que le queda a Ortiz –el otro murió hace unos meses, víctima de la falta de atención de Ortiz y del exceso de atención de los estorninos– huyó despavorida.

Nuestro hombre se quedó un rato abstraído, evaluando las ventajas y desventajas del jazz como espantapájaros. Sin haber llegado a ninguna conclusión definitiva, se sentó ante el ordenador y se puso a escribir cualquier cosa de ésas que él escribe.

Al cabo de una hora cesó la música. Y, al hacerse el silencio, Ortiz comprobó que su valle había recuperado la calma. Se asomó. Ni rastro de los coches.

–¡Bien! –se dijo. Y encendió la radio.

Nuevo disgusto. Las noticias locales de Radio Alicante le trajeron la mala nueva de que la gente ésa de los coches atronadores estaba perpetrando una cosa llamada Rallye Alicante-Costa Blanca y que, aunque efectivamente había abandonado su zona para ir haciendo la puñeta por otras, tenía previsto regresar.

Ortiz se quedó pensativo. No tenía la menor intención de soportarlos de nuevo. Así que decidió bajarse a la costa. «Aperitivo con lectura de periódicos en una terraza, arrocito a banda a la orilla del mar, sobremesa con copa y puro... Vale. Y, para cuando regrese, esos locos ya habrán acabado con su historia», se dijo.

Se afeitó, se vistió, cerró cuidadosamente la casa, montó en su coche y emprendió ruta camino de Campello.

No duró mucho el descenso. Al salir de Aigües hubo de parar, a señas de un agente de la Guardia Civil.

–La carretera está cortada. Hay un rallye –dijo el de uniforme.

–¡Cómo que hay un rallye! ¡Y a mí que me cuentan! –bramó Ortiz.

Convendrá tal vez precisar que el talante y la paciencia de Ortiz, lejos de atemperarse con el paso de los años, han experimentado un notable empeoramiento, sobre todo en sus relaciones con la autoridad.

Miró al agente con gesto conminatorio.

–Mire usted: yo vivo aquí y ésta es la carretera que me lleva a la costa. No la pueden cortar. Imagínese que me ha dado un infarto y me llevan al hospital. Esto es un abuso intolerable.

El guardia civil le sonrió con simpatía:

–Es lo mismo que he dicho yo. Tiene usted toda la razón. Pero no puedo dejarle pasar.

–¿Y entonces?

–Tendrá que ir por otro lado.

Otro lado.

Ortiz hizo el cálculo. Hay otras dos posibles salidas de Aigües: una, la que conduce al pantano de Amadorio, que es por la que habían partido los coches ruidosos de las narices; la otra, la que lleva a La Vila a través de Relleu, Sella y Orcheta: un recorrido de unos 35 kilómetros por una carretera mala y llena de curvas.

De saber lo que le esperaba, Ortiz habría tomado la decisión más sensata: regresar a su casa y resignarse a sufrir pacientemente otra razzia automovilística. Pero, como no sabía lo que le esperaba, optó por dar la vuelta y enfilar la carretera de Relleu.

No bien había hecho un par de kilómetros por ella, se le vino encima el primer coche ruidoso, de vivos colores, con muchos anuncios y un número muy grande en la puerta.

Lo esquivó con no poca habilidad y mucha fortuna.

–¡¡¡Pero ¿será posible?!!! –se indignó.

Era posible.

Prosiguió su camino francamente asustado. Y con razón. En los 15 kilómetros siguientes, aparte de dejar bajo mínimos la batería del coche a base de tocar el claxon incesantemente, hubo de salirse tres veces de la carretera para eludir otros tantos choques con vehículos ruidosos, de vivos colores, etc., .etc.

Llegó a Relleu con un convencimiento: si no había sufrido ningún ataque de corazón, es que lo tiene hecho a prueba de bomba. Lo que viene a confirmar que no hay mal que por bien no venga.

Volvió a toparse con una pareja de guardias civiles. Bajó del coche indignado. Les soltó el chorreo. Curiosamente, éstos también le dieron la razón, le sonrieron, convinieron en que todo lo que estaba ocurriendo era indignante, intolerable, un abuso merecedor de las más encendidas críticas... pero que ellos no podían hacer nada.

Ortiz empezó a sospechar que era la táctica que los patrulleros de la Guardia Civil habían convenido para quitarse de encima a los protestones como él.

Cuando llegó a La Vila eran más de las 3 de la tarde. No consiguió encontrar abierto ningún puesto de venta de prensa. De todos modos, tampoco hubiera podido tomar ningún aperitivo en una terraza, porque, además de no ser ya la hora del aperitivo, había comenzado a llover. Tampoco era ya hora de encargar ningún arroz, como no quisiera merendarlo.

Así que se metió en un chamizo y pidió unos calamares fritos.

Le pusieron unos mal descongelados y poco hechos.

Pidió un café y se dispuso a esperar a que pasara el tiempo para volver a casa sin tropezarse de nuevo con el rallye.

Cuando por fin salió, alguien había aparcado el coche en segunda fila, cerrándole la salida al suyo.

Tocó el claxon durante un buen rato –ya le había cogido costumbre–, pero sin éxito. Tuvo que salir subiéndose a la acera.

El dolor humano tiene un punto de saturación.

–Son cosas que ocurren –se dijo, resignado.

Y marchó para casa.

Que no se queje demasiado: vivió para contarlo.

 

 (20-V-2001)

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Con Palestina

 

Palestina no es Hamás. Palestina no se identifica con ese fanático que se hizo volar ayer en mil pedazos para hacer volar en mil pedazos a seis pobres viandantes israelíes.

Palestina no es tampoco Arafat. No lo acompaña en sus problemáticos viajes de ida y vuelta del honor al deshonor, de la transigencia a la intransigencia, del nunca al cualquiera sabe.

No comparte las oscuras maniobras de sus policías.

No festeja sus penas de muerte.

Palestina es un pueblo que sufre, y que desearía vivir en paz.

Un pueblo que soporta ya 53 años de genocidio.

700 poblaciones borradas del mapa. Más de cuatro millones de refugiados. 36 masacres constatadas por organismos internacionales independientes. Miles de secuestrados. Miles de encarcelados sin las más mínimas garantías jurídicas. Miles de torturados por un Estado que admite la tortura como un recurso legal sin que la comunidad internacional –oh vieja maldita hipócrita– lo abomine por ello.

600 muertos y más de 20.000 heridos desde el comienzo de la Segunda Intifada. Incesantes asentamientos ilegales. Más y más viviendas demolidas a sangre y saña.

¿Qué hace falta para que la Justicia más elemental encuentre algún resquicio para morar en aquella santa tierra?

Hace falta que Israel deje de ser la niña mimada de Washington y que se vea obligada a aplicar las resoluciones de las Naciones Unidas.

Quiera que no. Por la fuerza, si se tercia.

Hace falta que la Unión Europea deje de hacer declaraciones enfáticas y hueras. Que renuncie a considerar que hay terroristas de primera y de segunda, y que se decida de una vez por todas a llamar terroristas también a los de primera.

Estamos ante el viejo drama de un pueblo abandonado, dejado de la mano de Dios, de Yavhé y, a lo que se ve, también de Alá.

Mañana, a las 12:30, en Madrid, en la Puerta del Sol, un grupo de ciudadanos, flanqueados por algunos artistas e intelectuales, se va a reunir para charlar, oír canciones y recitar poemas en honor de ese pueblo pequeño y preterido.

Digo yo que será para que sepa que, al menos, hay algunos que sabemos.

 

 (19-V-2001)

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Elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca (V)

Psché-PSOE

Los socialistas no saben qué hacer.

No saben si aliarse con Aznar o con Ibarretxe.

No saben si peregrinar a Guadalajara o a Fátima.

No saben si respaldar a Bono, que pide que los maltratadores de mujeres sean exhibidos en la plaza pública, o si seguir apoyando a su compañero Eguiguren, de la Ejecutiva del PSE, que fue condenado por dar de hostias a su mujer con un paraguas.

No saben si apuntarse a Telefónica o mantener su devoción por Prisa, aunque Cebrián les eche broncas tan jupiterinas como la de hoy.

No saben de qué va Felipe González. No saben qué peso específico tiene Rodríguez Zapatero, si es que tiene alguno. No saben qué narices hace Rubalcaba, ni si lo hace en beneficio de Rodríguez Zapatero, en beneficio de González o en beneficio de algún tercero (Rubalcaba, por ejemplo).

No saben si Redondo Terreros, alias Nicolasín, trabaja para sí, para el PSOE o para Mayor Oreja.

No saben por qué Rojo insiste en llamarse Rojo.

No saben si aplaudir a Rodríguez Ibarra o meterlo en un cotolengo.

En resumen: no saben nada.

Ni siquiera por qué se llaman socialistas.

Y yo no sé cómo analizar su política, en el caso de que tengan alguna.

 

 (18-V-2001)

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Elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca (IV)

HB: que si por H, que si por B...

Otegi ha analizado los resultados obtenidos por EH en las pasadas elecciones autonómicas. No diré que sus conclusiones me han resultado decepcionantes –difícilmente puede decepcionarse quien nada espera–, pero sí que son de una pobreza apabullante.

Sostiene Otegi que EH ha tenido menos votos no por la línea que sigue, justificatoria del terrorismo, sino porque estas elecciones se han celebrado bajo los efectos de una fortísima polarización.

Es prácticamente la misma excusa que esgrime Mayor Oreja, sólo que invertida.

La polarización no explica nada. Si su organización hubiera suscitado confianza, el electorado abertzale de izquierda habría podido darle su voto sin miedo a beneficiar al tándem PP-PSOE. Es cierto que la concentración del voto en una sola candidatura potencia la traducción en escaños de las papeletas recibidas, debido a la aplicación de la regla d’Hondt, pero en Euskadi esa ventaja se ve atemperada por la división del electorado en tres partes iguales, una por cada territorio histórico.

En cualquier caso, es ridículo pensar que ha habido decenas de miles de ciudadanos que votaron a EH en 1998 y que se han decidido a respaldar esta vez a la coalición PNV-EA por meras razones de eficacia electoral contable.

Tomemos un poco de perspectiva.

HB ha obtenido esta vez 143.000 votos, es decir, 85.000 menos que en 1998, lo que puede interpretarse –y así se está haciendo– como un rotundo descalabro. Pero es una conclusión errónea. En 1994, HB logró 166.000 votos. Y 160.000 en 1995. Sólo 17.000 más que ahora.

¿Qué quiere decir eso? Que el resultado que no reflejó el apoyo social estable de HB fue el de 1998. Y la explicación es sencilla: HB estaba entonces en Lizarra, y ETA en tregua. Con lo que la conclusión cae por su propio peso: cuando la izquierda abertzale apuesta realmente por la paz, amplía considerablemente su respaldo social (y electoral). Y cuando no lo hace, como ahora, regresa a sus cuarteles de invierno, cuya tropa se va reduciendo, aunque sea lentamente.

Otegi puede meterse en todos los discursos palabreros que quiera y apelar a cuantas coartadas le venga en gana –que si por H, que si por B–, pero no logrará con ello evaporar la realidad: la propia izquierda abertzale apuesta por la paz. Por la paz ya. Sin más dilación. Sin condiciones. Y, en la medida en que no lo hace, pierde. ¿Es eso lo que quiere?

 

 (17-V-2001)

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Elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca (III)

Diez puntos para el gobierno de Euskadi

Muy esquemáticamente expuestos.

Punto uno. El objetivo es conseguir que cese la violencia de ETA.

Punto dos. Las condiciones que pone ETA para acabar con su acción terrorista son inaceptables. No ya sólo para el Estado español, sino también para el pueblo vasco, que no quiere ir por narices por la vía que ETA pretende imponer.

Punto tres. La autodeterminación que ETA reclama no sólo es inaceptable, sino también irrealizable en la práctica. Las comunidades vasco-navarra y vasco-francesa jamás aceptarán formar parte sin previa consulta de un colegio electoral único con la población de la Comunidad Autónoma Vasca.

Punto cuatro. En consecuencia, y por el momento, no tiene sentido propugnar que se negocie con ETA el cese de su actividad terrorista. Para que ese diálogo fuera posible, ETA tendría que acercarse, así fuera mínimamente, al terreno de la realidad, aceptando cómo es y qué desea el pueblo vasco realmente existente.

Punto cinco. Así las cosas, hay que prepararse para soportar la continuidad de los atentados de ETA.

Punto seis. Prepararse no equivale a resignarse. Que esa preparación sea necesaria no quiere decir en modo alguno: a) que no haya que responderle con la ley en la mano, y b) que no existan posibilidades de trabajar en el plano político para minar sus posiciones.

Punto siete. Para «minar sus posiciones», lo primero que hace falta es que las fuerzas políticas renuncien en sus querellas a servirse del activismo armado de ETA como arma arrojadiza (*).

Punto ocho. En segundo lugar, hay que hacer lo necesario para restar a ETA apoyo social. Lo cual implica demostrar prácticamente que existen vías pacíficas por las cuales cabe plantear y, llegado el caso, materializar las aspiraciones mayoritarias de la población vasca.

Punto nueve. Las fuerzas políticas que representan a la minoría no nacionalista del pueblo vasco deben asimilar que la mayoría nacionalista tiene derechos que merecen ser atendidos.

Punto diez. Las fuerzas que representan a la mayoría nacionalista del pueblo vasco deben renunciar a cualquier solución que maltrate o haga imposible la vida a sus conciudadanos no nacionalistas, que constituyen una inmensa minoría.

Por lo que conozco de él, creo que Ibarretxe –no hablo de todo el PNV, ni tampoco de EA– firmaría estos diez puntos sin pestañear. Me parece un buen punto de partida.

El problema es atraer a esas posiciones al resto, nacionalista y no nacionalista.

¿Es posible? No lo sé. Lo veo improbable. Pero por intentarlo no se pierde nada.

 

––––––––––––––––––––

(*)  Paquete-bomba de ETA contra Gorka Landaburu, disimulado en un sobre con membrete de Elkarri. El periodista sufre lesiones de importancia en las manos y en el rostro. Pocas horas después, el PSE-PSOE de Zarautz hace público un comunicado en el que, tomando pie en el repugnante atentado contra Landaburu –hombre, por lo demás, de natural pacífico donde los haya–, aprovecha para tirar por elevación y denunciar «ciertas actitudes de algunos dirigentes políticos que con sus ataques a la prensa ponen en el disparadero de los terroristas a periodistas que ejercen su profesión con libertad». A eso me refiero cuando hablo de no utilizar el activismo de ETA como arma arrojadiza. ¿Qué quiere el PSE? ¿Que haya medios de Prensa que pongan de vuelta y media a los dirigentes del PNV, asimilándonos prácticamente a los terroristas, y que ellos no contesten? ¿Cree realmente el PSE que ETA elige sus objetivos criminales siguiendo la pauta de las críticas de Arzalluz? ETA quiere acabar con la libertad de expresión de algunos y eso es rotundamente intolerable. Pero la respuesta a los desafueros de ETA no puede pasar por coartar la libertad de expresión de otros.

 

 (16-V-2001)

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Elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca (II)

La ruleta de Mayor

Escribí en este mismo rincón hace meses que la apuesta que Jaime Mayor Oreja había hecho en el País Vasco venía a ser como jugar a la ruleta rusa con cinco balas en el tambor del revólver.

Es posible que me quedara corto y que el tambor estuviera al completo.

Lo suyo ha sido un suicidio político en toda regla.

El error fue de principio. Trazó una línea divisoria equivocada (nacionalistas/no nacionalistas) y cifró sus posibilidades de victoria en el trasvase al campo españolista de una parte considerable del electorado nacionalista. Para lo cual hubo de servirse de un discurso de sal gruesa que venía a equiparar en la práctica a los dirigentes del PNV con ETA, utilizando machaconamente el burdo argumento de que quien comparte los fines se convierte en cómplice de los medios.

Un plan general tan irrealista, asentado en un desconocimiento tan profundo de la realidad social vasca, no podía salir bien. Al final, lo que ha conseguido es que incluso los más notorios disidentes del campo nacionalista (caso de Cuerda en Vitoria o de Arregi en Guipúzcoa) pidieran encarecidamente el voto para Ibarretxe, y que muchos ciudadanos de sentimientos nacionalistas o simplemente vasquistas que no suelen movilizarse a la hora de las elecciones se hayan creído obligados a acudir esta vez a las urnas para impedir que triunfara lo que no podían ver sino como un proyecto de partición social de Euskadi.

Tras elegir esa estrategia general meridianamente errónea, nada de especial tiene que Mayor también se equivocara a la hora de escenificarla: llenó sus actos electorales de apoyos foráneos –genial idea ésa de permitir a Javier Arenas hacer las veces de jefe de campaña–, con lo cual trasladó a los votantes una imagen de producto de importación que sólo podía perjudicarle.

Alega ahora que, gracias a él, el PP ha obtenido más votos que nunca. El que no se consuela es porque no quiere. Su objetivo era alcanzar la Lehendakaritza y lo que ha logrado es la constitución de un Parlamento en el que su partido pinta menos que en el anterior. Tal cual.

Se defiende también afirmando que él ha articulado una alternativa y que, cuando existe una alternativa, los votos se polarizan. Lo que no dice es que en esos casos los votos suelen polarizarse, sí, pero en beneficio de la alternativa, no de quien ya gobierna.

En fin, se atribuye el mérito del descalabro sufrido por EH. Me temo que eso no valga la pena ni discutirlo: la ruina electoral de EH se la han labrado mano a mano entre ETA y la propia dirección de EH. Y si muchos votantes de EH han dado la espalda a Otegi y compañía, es porque han encontrado otra posibilidad de voto. Que no ha sido la del PP, precisamente.

Lo peor para Mayor Oreja no es que haya sufrido un revés. Lo peor es que ha demostrado ser un político incapaz de tomarle el pulso a la realidad. Y ahora ya todos lo sabemos. Incluido Aznar.

Vio que muchos vascos le aplaudían y se obnubiló. No quiso ver que eran muchísimos más los vascos que le daban la espalda.

 

 (15-V-2001)

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Elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca (I)

Era lo que querían. Pues ya lo tienen

Querían elecciones anticipadas. Las han tenido.

Querían una altísima participación. La han tenido.

Querían unas elecciones sin incidentes y sin carnet de identidad vasco. Según la propia información oficial, la jornada electoral registró menos incidentes que cualesquiera otra anterior, y EH –como algunos habíamos previsto– renunció a promover el absurdo del DNI vasco, que sólo podía empeorar todavía más sus resultados.

Han tenido todo lo que querían. Quiero decir: todo lo que querían... y era posible.

Porque querían también que Álava dijera que no quiere compartir el destino del resto de Euskadi. Y ésa era una pretensión abusiva, e incluso insultante para buena parte de la población alavesa. Con lo cual, lo que han logrado es que el PNV sea el partido más votado en Álava.

Querían demostrar que el antinacionalismo vasco es mayoritario en Euskadi. Y se han encontrado con la verdad. Porque la verdad es que los que hablamos de «dos mitades» nunca hemos pretendido que sean dos mitades iguales. «Los de Estella», que dicen ellos, han obtenido más de 820.000 votos, y «los constitucionalistas», como se autotitulan, menos de 555.000.

Lo peor es que sabían que la verdad podía muy bien ser ésa, y se lo ocultaron a sus propios seguidores. Porque ahora está ya más que claro que, como informé aquí mismo en su momento, el sondeo del CIS previó efectivamente los 33 escaños del PNV, lo mismo que los 19 suyos, y ellos se encargaron de maquillar los datos a la hora de entregárselos a los otros partidos políticos.

El PP se ha equivocado de medio a medio. Se ha dejado guiar por la visceralidad de Mayor Oreja y se ha dado el castañazo. Le avisamos de que una campaña como la suya tal vez habría podido funcionar si las elecciones hubieran sido en Zamora, o en Badajoz, o en Ciudad Real, o incluso en Madrid, pero que su problema es que se celebraban en Euskadi. Y que la mayor parte de la sociedad vasca iba a sentir una instintiva repugnancia por su afán de enfrentamiento. Como la siente por el propio Mayor Oreja, al que todos los sondeos de opinión realizados en Euskadi sitúan en lo más bajo de los índices de aceptación popular. Y es que de poco sirve que 325.000 te den un 10 si 820.000 –a los que hay que añadir buena parte de los abstencionistas activos– te ponen un cero patatero.

La papeleta que tiene ahora Mayor Oreja es fina. ¿Se resignará a aburrirse como una ostra en el Parlamento de Vitoria viendo cómo el PNV saca adelante todos los proyectos de ley que le dé la real gana, porque no necesita más votos que los suyos mismos?

Estoy seguro de que Ibarretxe va a invitar al PSE-PSOE y a EB-IU a incorporarse a su proyecto. Lo hará con la tranquilidad del que no pide un favor, sino que se ofrece a hacerlo.

La olla socialista se va a poner a cien: habrá quienes defiendan que el PSE acepte la propuesta de Ibarretxe. Por muchas razones. A la vista del fracaso de la propuesta frentista del PP y de su obvia falta de porvenir, los socialistas están obligados a replantearse su estrategia. Y más vale hacerlo tocando Poder que desde el frío que reina extramuros. Otros, enrabietados –Rosa Díez, Ares, tal vez el propio Redondo Terreros–, se negarán. Ahí puede pasar de todo.

Lo único que le faltaría a Mayor es que el PSE e EB-IU se vayan con el PNV.

En tiempos –cuando pensaba que ésa era una hipótesis inverosímil–, dijo que, de producirse una situación como la que realmente se ha creado, abandonaría la política. Pero eso no quiere decir nada. Total, una mentira más o menos...

 

 (14-V-2001)

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