Tres generaciones

 

El gobernador de Oregón, John Kitzhaber, ha decidido hace poco, como antes había hecho Mark Warner, su homólogo en Virginia, pedir público perdón por las décadas de prácticas eugenésicas en su estado. Creo que es una loable actitud, en general, hacer notorio el acto de contrición por los pecados cometidos, aún cuando no haya tenido uno directa y personalmente nada que ver con el contenido de la confesión. Me parece suficiente implicación en la culpa dirigir o pertenecer a una institución, agrupación, partido político, organización religiosa o social, que tenga un pasado indigno*.

Lamentablemente, la petición de disculpas no exime de los crímenes cometidos. Y, sobre todo, no regenera la fisiología castigada de las víctimas: decenas de miles de minusválidos (vaya término tan insultante) físicos y psíquicos, homosexuales, negros, hispanos, niños expósitos, epilépticos, militantes de izquierda, delincuentes juveniles de medio pelo, y en general cualesquiera personas que se considerasen taradas y/o problemáticas para el sistema, sufrieron esterilización en contra de su voluntad, desde 1917 hasta 1983, en Estados Unidos. Hubieran tenido más de dos motivos para esterilizar a la que esto escribe.

La eugenesia se ha practicado con éxito y entusiasmo en varios países occidentales, los mismos que abanderan la lucha por los Derechos Humanos en Asia y África. Aquí mismo, en España, los infames médicos psiquiatras Vallejo-Nájera y López-Ibor (seniors) defendieron con ahínco en los años cuarenta la tesis de la «deformidad genética que provoca el marxismo», tesis que remitía inevitablemente a la extinción de los genes patógenos por la vía de la esterilización del portador, o por la más directa del asesinato.

Y es que, en general, las teorías que explican la psique apoyándose en una fuerte base genética contienen una densa carga de carcuncia, compuesta de racismo, xenofobia, prepotencia, ilusión de superioridad, etnocentrismo, odio a la homosexualidad, machismo, y pensamiento reaccionario, en definitiva. Mucho me temo –la experiencia así me lo indica– que alguna vez tendremos que volver a lamentar que se permitan y legalicen prácticas tan aberrantes como la eugenesia, tal como se conduce la investigación científica que recibe el respaldo económico del poder.

En 1927, el juez del Tribunal Supremo estadounidense Oliver Wendell Holmes, a cuento de la sentencia que respaldaba la legalidad de la práctica eugenésica, dedicó a la humanidad la siguiente perla cultivada: «Ya hemos tenido bastante con tres generaciones de imbéciles». Ignoro en qué generación concreta de la terna se incluía el magistrado a sí mismo, pero en todo caso, remedando tan peculiar expresión de pensamiento (aunque discrepando gravemente en cuanto a la solución de la problemática), digo yo que ya hemos tenido bastante con tantas generaciones de hijoputas.<

 

* La Iglesia católica española, sin ir más lejos, no haría mal en seguir el ejemplo de Kitzhaber con respecto a su implicación en los crímenes franquistas, como el otro día sugería Javier Ortiz, mi anfitrión, en este mismo sitio web. Tampoco estaría de más que el PSOE hiciera lo propio en relación con los asesinatos cometidos por los GAL.

 

Para escribir a la autora: bmartos1969@yahoo.es

Para volver a la página principal, pincha aquí